Viviendo en San Borondón

Decir España sin complejos

 

En las últimas décadas, difícil es precisar un momento de inicio, los llamados nacionalismos se han hecho más radicales y ya se proclaman abiertamente lo que siempre fueron: independentistas. Se han vuelto a poner de moda expresiones como “este país”, “Madrid”, “fascistas” o, lo que es aún más triste, “constitucionalistas” dicho como insulto y no como descripción, para no decir España o españoles.

Un triste ejemplo de esta actitud se constató en la IV Asamblea Ciudadana celebrada en Alcorcón de lo que va quedando de Podemos, transformada en Pudimos, en el discurso de una nueva figura elevada al estrellato dirigente y al sustancioso sueldo por Pablo Iglesias: Lilith Verstrynge. En un alarde de totalitarismo excluyente, valga la redundancia, proclamó que es necesario y prioritario “abrir un debate serio sobre la República”, ya que la Monarquía sólo está defendida “por los sectores más antidemocráticos del país”. Como ella mitinea para los suyos, los escasos 300 asistentes que allí había y a otras tantas sillas vacías, tan entregados a la causa, que no aclaró por innecesaria que ella se refiere a una república popular, de corte comunista, no a una institución abierta en la que quepan todos los españoles. Tampoco aclaró, máxime cuando estaba dictando doctrina podemita, si quiere una república al estilo francés con un presidente como Jefe del Estado y otro distinto como primer ministro o sólo prefiere un único político complementado por el Parlamento, al estilo de los EEUU.

Y ya puesta a pedir, con un ardor propio de Agustina de Aragón dicen los memes, coreó a medias el viejo eslogan de la izquierda más rancia que gritaba “España, mañana, será republicana”. Y digo bien dicho, que lo coreó a medias, porque con su hablar de pitiminí eludió nombrar a España y sólo repitió lo de que “mañana será republicana”, dejando un revelador silencio para acompasar los gritos de los asistentes y no perder el ritmo de mucho progreso. Eso sí, como no podía faltar, blandiendo su puñito cerrado y amenazante al peor estilo comunista. Y en medio del entusiasmo que Lilith generó, quedó proclamada como la tercera en la nomenclatura podemita. Y ya se sabe que estas cosas duran mientras el mentor quiera y, es fama, que mientras dure, dura. ¡Qué cosas!, apostillaría un buen amigo marino.

Y en otro orden de cosas, pero no dejando de ser más de lo mismo, la polémica de los indultos ha dividido de nuevo a los españoles. Y la decisión de indultar a los golpistas, ha enfrentado a todos los partidos políticos, entre sí y dentro de ellos. Al menos entre la militancia, pues de los cargos y cargas públicas sólo cabe esperar obediencia debida al cabecilla de la partida si se quiere conservar el sueldo. Creo que a día de hoy casi nadie duda de que el Dr. Sánchez pretende conceder esos indultos, que por cierto no gustan a los independentistas y políticos presos catalanes que siguen exigiendo la amnistía, y que como cortina de humo habla de lo mucho que se preocupa por los españoles anunciando la vacunación masiva y el fin de las mascarillas. Sin olvidar para los más jóvenes y futuros votantes progresistas, el poder pasar de curso y hasta titular con asignaturas suspendidas, pues como asegura Celaá en un alarde de eufemismo, ahora “se exigirá más” a los alumnos que tendrán que superar los “objetivos” del curso para pasar. No estoy muy seguro si entre esos objetivos pedagógicos está su Memoria Histórica o la Historia de España sin filtrados del Ministerio de la Verdad..

Aunque no me gusta mucho entrar en disquisiciones jurídicas, con frecuencia contrarias al sentido común y precisamente por eso son polémicas, he de reconocer que estoy con Isabel Díaz Ayuso cuando dijo que era todo un papelón para el Rey tener que firmar esos indultos, no dijo que no los debía firmar, porque es ir moral y éticamente contra lo que argumentó Felipe VI en su impecable discurso del 3 de octubre de 2017 tras el proceso sedicioso, la ensoñación que dijo Marquena en su unánime sentencia.

No obstante creo que es muy interesante y oportuna la argumentación jurídica que hace Mario Conde, abogado del Estado, de que el Rey tiene derecho a presidir el Consejo de Ministros que trate sobre los indultos a los condenados por aquellos hechos. En la Web Confilegal, entre tantas otras, puede entresacarse un párrafo, a mi entender, muy esclarecedor aunque con total seguridad ponga de los nervios al Rasputín del Palacio de La Moncloa: “1. He demostrado que una lectura jurídica ortodoxa y no política partidista de la Constitución Española (artículos 62 y 102) en combinación con lo establecido en la Ley del Indulto de 1870 que trae causa del artículo 73 de la Constitución de 1869, el ejercicio de la Potestad o Prerrogativa Real de Gracia corresponde al Rey y no al Consejo de Ministros”.

Aunque, visto lo visto y conociendo cómo se rectifican las rectificaciones, sin la menor duda, esta polémica de los indultos está en la mente de muchos en un sentido o en el contrario, tanto entre aquellos que hablan de multinacionalidades o despenalizan insultos a la Corona y a los símbolos del Estado, como entre los que decimos con naturalidad y orgullo que vivimos y somos ciudadanos de un Estado de Derecho llamado España, término más preciso que “este país”.

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