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Rebelión en la granja: El origen de una revolución

Adrián Haro

La famosa obra Rebelión en la granja (1945) resulta, cuando menos, sensacional. El prolijo escritor George Orwell narra de qué manera una granja rebosante de animales se rebela contra el dueño de la granja. En su época este libro ocasionó mucho revuelo debido al contexto sociopolítico que se respiraba en aquel entonces. Un libro que molestaba a determinado movimiento que irrumpió en Rusia a principios del siglo XX: la revolución rusa

George Orwell tuvo que atravesar múltiples dificultades para publicar este libro. En los años 40, la URSS estaba aliada estratégicamente con Reino Unido, Estados Unidos y China. El escritor vivía en Londres. Por esta razón, los editores sentían temor por las consecuencias que podrían acarrear publicar una obra que iba en contra de una potencia tan poderosa. Y no es que hubiera censura, sino que los propios editores se aplicaban la autocensura para no generar una opinión controvertida. 

Rebelión en la granja constituye una clara caricatura de lo que fue la revolución rusa. Cada uno de los animales  representa a una figura histórica relacionada con el movimiento bolchevique. Viejo Mayor -el cerdo que aparece al principio del relato- es una referencia a Vladimir Lenin; Napoleón refleja los ideales de Iósif Stalin; Bola de nieve, los de León Trotsky y, por último, Cerdo chillón -el segundo al mando de Napoleón- supone la propaganda soviética. Inequívocamente el relato gira alrededor de la manipulación de masas, la comunicación persuasiva y cómo se forma la opinión pública. 

Napoleón y Bola de Nieve son dos líderes de opinión. Ambos cuentan con los conocimientos suficientes para persuadir al resto de animales para que luchen por la libertad y la emancipación de la clase trabajadora. El espíritu crítico brilla por su ausencia. Los animales creen febrilmente las palabras de los líderes e, incluso, son inoculados con balas mágicas para modificar sus creencias, sus pensamientos y sus conductas. Todo por y para la revolución tan ansiada. Al final de este proceso, se consigue un pensamiento homogéneo y uniforme para mantener ese orden institucional. Los disidentes son eliminados sin piedad. 

En su posterior obra culmen, 1984, Orwell muestra con crudo realismo un Estado totalitario que controla a las masas de manera asfixiante a través de la tecnología. Dentro de ese futuro distópico, las personas son incapaces de pensar por sí mismas. Es pues, el “Hermano Mayor”, -esa entidad omnipresente y omnipotente- quien lo hace por las masas. Napoleón es el Hermano Mayor en Rebelión en la granja. Los cerdos suponen la clase privilegiada. Ellos son quienes tienen el acceso al conocimiento, quienes cuentan con la potestad de dirigir al resto de animales para conseguir un «bien común».

La retórica juega un papel esencial para este proceso. Los discursos que emanan de los líderes de opinión sirven precisamente para que el movimiento sea funcional. Apelaciones emocionales positivas o negativas para reforzar el peroratio sensacionalista y populista.  Y es que la ruta periférica actúa ipso facto en un pueblo ignorante. No hay tiempo para reflexiones y análisis. Todo va a misa. Por esta razón, el pueblo pierde la memoria. Las altas esferas conformadas por los cerdos cambian el pasado y los animales adoptan esa transformación a sus creencias

La principal diferencia reside en que 1984 ya se muestra una sociedad controlada, pero no se enseña el proceso para alcanzar esa colectivización. En Rebelión en la granja, Orwell disecciona un movimiento paso a paso -como si de un tutorial se tratase- para explicar cómo el totalitarismo logra una muchedumbre manipulada, colectivizada e idiotizada a través de una rebelión. Por ende, esta obra refleja el origen primigenio de una sociedad colectivizada. En 1984 esa sociedad ya llevaba asentada durante años gracias a los avances tecnológicos dirigidos al control social. Al final, en ambos casos, el sector que supuestamente defendía al pueblo se convierte en lo que, en un principio, juró destruir. 

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