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Los que viven del cordero

José Francisco Fernández Belda

Los que ya somos setentones, recordamos con cierta nostalgia los inicios de la TV en España en 1956. Pero fue allá por los años 60 cuando los niños procurábamos tener un amigo cuyos padres hubieran podido permitirse económicamente tener una tele y que él nos dejara a toda la pandilla sentarnos en el suelo, delante del aparato, para ver los programas infantiles y algunas teleseries. También florecieron por aquella década y la siguiente los teleclubs, locales públicos donde los vecinos podían ver la televisión, precedentes de ciertos bares de hoy en día a los que muchos van a ver partidos de fútbol, no por no tener tele en casa, sino por la fiesta y los gritos.

Por entonces, muchos de los espectáculos de variedades eran dirigidos y presentados por artistas venidos de fuera. Destacaban realizadores como Valerio Lazarov, el rumano que nos mareaba con su gusto por el zoom. También grupos como la Compañía de Teatro Los Vieneses, creada por el austriaco Artur Kaps que tenía como artistas a sus compatriotas Franz Joham y la vedette Herta Frankel, así como al italiano Gustavo Re. Y así muchos más.

Fue Franz Joham quien popularizó una canción, con letra de Kaps, cuyo título pasó a formar parte del refranero español: “Los que viven del cordero”, cuyo trasfondo jocoserio y con un lenguaje de doble sentido para eludir la censura política franquista, hace referencia a la larga lista de personas que viven de lo que también se ha dado en llamar la “mamandurria” o la “teta pública”. La canción y la letra pueden encontrarse fácilmente en Internet y en YouTube, aunque me permito entresacar unas estrofas, copiadas en forma de prosa por razones de espacio, que son una reflexión que hace el cantante sobre las personas que han intervenido en la confección de su traje de lana, desde el cordero hasta el último político:

“Como la temperatura en el sur es menos dura, se dedican los granjeros a la cría de corderos. Y ahora voy a relatar los que viven del lanar. El granjero, su señora, el pastor y la pastora; el que afeita, el que esquila y un sereno que vigila; el que cuenta, hace la lana y una prima y una hermana; el que luego con esmero, va con ella al lavadero; uno que se llama Paco, que es quien la meten el saco; y otro que se llama Antón que la lleva a la estación… Y si al igual que yo no pago hacen otros cual yo hago, ¿de qué viven, caballero, los que viven del cordero?”.

Sin duda el espíritu de esta canción refleja muy bien la cadena de producción de bienes materiales, la división del trabajo y lo que ha sido y es la esencia de la civilización: el trabajo en equipo, la especialización y la colaboración voluntaria, directa o indirecta, para producir y disponer de los bienes que disponemos. Leonard E. Lea publicó en 1958 el sensacional ensayo titulado “Yo, el Lápiz”. Entresaco los primeros párrafos, aunque lo pueden oír en los enlaces indicados al pié:

“Yo soy un lápiz, el lápiz de madera ordinario familiar a todos los chicos y chicas y a los adultos que saben leer y escribir. Escribir es mi vocación y mi ocupación; eso es todo lo que hago… ¿Sencillo? Pues, bien, no hay una sola persona en la faz de la tierra que sepa cómo hacerme. Parece fantástico, ¿no es cierto? Especialmente cuando uno sabe que todos los años se producen unos 1.500 millones como yo en los Estados Unidos”.

Pero en paralelo con esta interpretación de la actividad privada productiva y generadora de valor para todos, los ciudadanos cada vez con más intensidad perciben con rechazo, la creación y crecimiento, sin aparentes límites, de una casta de personas improductivas que quieren vivir del trabajo de los que sí producen, pero que cada vez más quieren regular las vidas de todos inspirados en las más variadas ideologías. En particular se ve con tanta preocupación como impotencia, la pléyade de ministerios, consejerías o concejalías que son perfectamente prescindibles pero que malgastan una parte importante del presupuesto con cargo a nuestros impuestos.

Sin embargo, durante las campañas electorales unos partidos prometen solucionar esta losa reduciendo todo lo posible el gasto público improductivo, gasto en asesores y fastos oficiales. Mientras otros prometen a su electorado incrementar todo tipo de prebendas y subvenciones bajo el falaz título de “gasto social”, en otras palabras que cada vez haya mas personas que vivan del cordero que glosaba Franz Joham en los años 60 del siglo pasado y de forma más estructurada la escritora estadounidense de origen ruso Ayn Rand en su celebérrimo libro “La rebelión de Atlas” del año 1957.

Notas: a) “Yo, el Lápiz” www.youtube.com/watch?v=QURApUD2ncM , por Milton Friedman.

b) Leído íntegramente por un argentino, en www.youtube.com/watch?v=WS0XgHQV6ZY

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