Viviendo en San Borondón

Mentir con formalidad y sosería (I)

José Francisco Fernández Belda

Cuentan los cronistas de la fenecida URSS, que cuando algunas personas y amigos iban a ver a Stalin, sospechando que el tirano ya había decretado su asesinato, éste les hablaba con mucha paz y sosiego para tranquilizarlos. Los ya condenados salían de la entrevista esperanzados aunque con la mosca tras la oreja por conocer su instinto asesino. Al oír hablar en ese tono profesoral a Gabilondo, sin duda formal y soso, o a Pablo Iglesias, el actual con el que se puede pactar al decir del socialista, predicando en tono susurrante televisivo y habiendo abandonado el encendido, mitinero y amenazador verbo con el que obsequiaba a sus seguidores podemitas, no puedo menos que recordar a Stalin, probablemente el mayor asesino del siglo XX, seguido de cerca por Lenin, Mao y Pol Pot, las cuatro patas del banco del terror.

Metidos de coz y hoz en la campaña de Madrid, tanto el Dr. Sánchez como su testaferro Gabilondo han mentido con las cifras de afectados por la pandemia. Uno en Senegal y otro en España, pero ambos en declaraciones a periodistas. Pero mientras que el Presidente ha callado sibilinamente al ser preguntado por las fuentes de esos datos, el candidato madrileño ha dicho que esas cifras las tomó del Ministerio de Sanidad y que, no obstante, las revisaría y rectificaría si hubiera habido algún error. “¡No le quepa a usted duda!”, ratificó a la periodista, Ketty Garat de esRadio, que le había hecho la pertinente pregunta y a la que el candidato acusó de haberse excedido al poner de manifiesto la falsedad de los datos.

Pasaron los días y Gabilondo no aclaraba nada. Por eso, al ser repreguntado, señaló que “tenía una obsesión enfermiza con el rigor y que eso lo sabían muy bien sus colaboradores”. Pero a continuación don Ángel, sin apenas tomar resuello, volvió a mentir sobre la letalidad en Madrid. Ya no se puede hablar de “confusión” tras su afirmación rigorista sino de mentira podrida, diríamos en Canarias. Cómo de impresentable era la cosa, que hasta don Simón tuvo que desmentirlo una vez y otra segunda, cuando replicó molesto “a mi no me pregunten, los datos están al alcance de todos” (todas y todes, añadiría ofendida Irene Montero).

Gabilondo volvió a repetir, reafirmándose, que la probabilidad de morir en Madrid es del 59% superior a la media nacional. Para apoyar inexacta afirmación añadió, pretendiendo dar falsa seguridad a su afirmación con la contundencia de las matemáticas, que la tasa de mortalidad en Madrid es de 2.180,71 personas por 100.000 habitantes. Son dos mentiras inaceptables en una persona que presume de haber corroborado los datos que ofrece ante la insistencia de las periodistas de esRadio, no motu proprio. Por lo que se ve, en las ruedas de prensa, a los demás medios no les importa que les mientan o no consultan las fuentes para corroborar los datos.

En cuanto a la probabilidad de morir en Madrid, Gabilondo compara cifras absolutas y no relativas, sin tener en cuenta el volumen de población. Por poner un ejemplo, si en Artenara muere una persona y en LPGC dos, no se puede decir sin más que la probabilidad de morir en la capital es doble que en el pueblo cumbreño. Es algo elemental en estadística lo de los porcentajes y los ratios relativos que, al parecer, Fray Gabilondo ignora. A lo peor, el día que explicaron eso en clase estaba cantando gregoriano en el coro y no se enteró, ni ese tema estaba en el programa de sus metafísicas oposiciones.

El segundo caso es más chusco si no fuera sólo una burda mentira electoral. Tal vez se le fue el dedo en la calculadora, dijo don Simón a modo de disculpa de abuela para con un nieto travieso, y al dato que da le sobra un cero. No son 2.180,71 por 100.000 habitantes, sino 218,071. Ahora resulta, con los datos reales, que Madrid está por debajo de la media de España y a Fray Gabilondo se le ha visto el plumero y hasta la casulla sectaria. En cualquier país serio, a quien nos amenazaban en los mentideros socialistas con nombrarlo Defensor del Pueblo, junto con sus asesores deberían retirarse por un tiempo como ermitaños a las cuevas de Qunrám y dimitir de ser candidato, o si su jefe tuviera un mínimo de dignidad, cesarlo por fullero.

Gabilondo, tras otra pertinaz y obsesiva muestra de rigor en la comprobación de los datos, volvió a “confundir” mortalidad con letalidad, tecnicismo que le permite mentir al peor estilo profesoral del maestro del engaño que en su partido fue la “víbora con cataratas”, Tierno Galván, como le bautizó Pablo Castellano, el que fuera del sector crítico del PSOE histórico o archivado por el sanchismo ahora y el zapaterismo con anterioridad.

La mortalidad se calcula como el cociente entre personas fallecidas y el total de la población estudiada. La letalidad de una enfermedad se refiere a los muertos habidos en relación sólo con el número de contagiados. Y este dato, referido ahora al Covid-19, depende del número de test realizados y la tasa de positividad. Son conceptos que a Gabilondo y sus periodistas afines les suenan como sinónimos, pero que los entremezcla de forma torticera para engañar a los madrileños y conseguir así su voto, con trampa y embeleco profesoral.

Las personas interesadas en los detalles de ésta más que evidente manipulación del Retablo de las Maravillas de La Moncloa, pueden oír y seguir aquí con mas detalle el análisis de los datos y las fuentes donde comprobarlos: https://esradio.libertaddigital.com/fonoteca/2021-04-19/editorial-de-dieter-hablando-de-muertos-6747133.html

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