Jóvenes periodistas

Abstraerte en un mar de nubes

Adrián Haro

La marihuana es una droga muy particular, puede adormecer o amplificar la efusividad. El sujeto recibe todos los estímulos de una forma más exuberante, intensa y confusa, se presenta una sensación de euforia o serenidad. Distorsiona de alguna manera la percepción de la realidad, se pierde la noción del espacio y el tiempo. La consciencia se manifiesta en forma de aire, de partículas volátiles que sobrevuelan incesantes dentro de un cuerpo aparentemente móvil. Se oyen ruidos, señales de algún lugar, pero ese algo nunca termina atravesando los filtros decodificadores del sistema. ¿Entonces el sistema está fallando? ¿Qué es esta planta?

Esta reconocida planta es originaria de Asia Central y de la Asia meriodional. Existe evidencia de que el humo de cannabis ya se consumía durante el tercer milenio A. C., como lo demuestran las semillas de cannabis carbonizadas que se encuentran en un brasero ceremonial en un antiguo cementerio rumano. Durante más de 5.000 años, el cannabis ha viajado por todo el mundo con diversos fines. En muchos países, la historia de esta planta siempre ha sido fruto de diferentes motivos e intereses. Sin embargo, no he venido a escribir de historia.

Discúlpenme si empiezo a cavilar en exceso. Es otro de los efectos de la susodicha droga blanda. Existe una creencia popular que piensa firmemente que la marihuana fomenta la creatividad. Como si el cannabis fuera el elixir por excelencia de los filósofos o de los artistas para la creación de sus ideas y obras. El espíritu abstracto que ha permanecido depositado en el alma, florece vívidamente gracias al poder del hachís. Los aborígenes americanos quemaban la hoja para sumergirse un aura de misticismo en sus rituales. Constituye una procedimiento mágico con variados objetivos. Se adquiere una concepción druídica del universo, de los seres vivos, de la unión de cuerpo y alma.

Para comprobar esta tesis, los psicólogos Lorenza Colzato y Michael Kowal de la Universidad de Leiden en los Países Bajos, llevaron a cabo el primer estudio sobre los efectos de esta sustancia en el pensamiento creativo. Durante la investigación, los usuarios sometidos al experimento se dividieron en tres grupos de 18 personas. El primer grupo recibió marihuana con un alto contenido de THC, el segundo consumió una dosis baja y el tercero recibió un placebo. Posteriormente se les pidió que realizasen una prueba cognitiva.

La prueba se centró en dos tipos de pensamiento: el divergente, asociado a la generación de soluciones rápidas a un problema y el convergente, relacionado con la búsqueda de una única respuesta correcta a una cuestión. Los resultados fueron, cuando menos, reveladores. El consumo de cannabis en altas concentraciones de THC no mejoró la capacidad creativa. Todo lo contrario. Quienes ingirieron altas dosis de THC presentaron mayores dificultades a la hora de ofrecer variopintas soluciones a una adversidad. Por ende, la creencia común se desmintió por completo. Ese incremento de creatividad que afirman experimentar aquellos bajo los efectos de la hierba representa una mera ilusión generada por la sustancia.

Pues bueno, he de decir que no soy un entendido en el vasto mundo de las drogas psicotrópicas a diferencia de Antonio Escohotado, después de todo soy un joven de 20 años. Lo que sí puedo aseverar es que la marihuana, en cantidades racionales, puede abstraerte en un mar de nubes. Es cierto que no alimenta la creatividad ni la originalidad ni siquiera la capacidad de producir soluciones novedosas. No en vano, con una buena compañía, el viaje psicotrópico puede resultar inequívocamente sensacional.

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