Jóvenes periodistas

Facebook: El gran monopolio tecnológico de Mark Zuckerberg

Todo comenzó como un proyecto en Silicon Valley. Esa región de California convertida en la principal atracción para la innovación tecnológica a nivel internacional. Lugar donde se engendraron empresas como Apple y Amazon para conquistar el mercado tecnológico. El joven Mark Zuckerberg junto a Eduard Saverin, Andrew McCollum, Dustin Moskovitz y Chris Hughes fueron los responsables de la construcción de un imperio, de un espacio para unir al mundo entero; ese ensoñado lugar llamado Facebook.

En torno a 2.700 millones de usuarios gozan de las virtudes de la susodicha red social. Sin género de dudas, el universo del like se ha convertido en el nuevo paradigma de la tercera ola de la que tanto advertía el sociólogo Alvin Toffler. Porque sí, el mundo forma parte de una aristocracia tecnológica- informática, cuyo poder e influencia traspasa las barreras de la literatura distópica del siglo XX. De facto, las redes social actúan como una anestesia mental que, de forma paulatina, adormece el logos y la percepción de la tiránica realidad.

En este sueño profundo, las personas no consiguen vislumbrar la nueva faceta despótica en la que se ha convertido la multinacional de Zuckerberg. Un tiburón voraz, cuyo único objetivo ha sido engullir a todo aquel que osase adentrarse en las aguas de la competencia. What’s app e Instagram fueron devoradas gustosamente por las mandíbulas del pez gordo azul. No en vano, Snapchat no corrió la misma suerte. Desde que Facebook implementó las instastories la red social de Evan Spiegel ha quedado relegada a un segundo plano. Se estima que Facebook concentra una cuota de mercado del 39%, por otro lado, Youtube -propiedad de Google- del 29%.

En El mito del capitalismo; Los monopolios y la muerte de la competencia (2019) del economista Jonathan Tepper se contemplan este tipo de inconvenientes con respecto a la Ley Sherman Antitrust, una ley impulsada para evitar la creación de monopolios con pleno control del mercado. Pese a esta iniciativa bienintencionada, los hechos han esclarecido que el papel judicial no ha rendido como debería. En los últimos 20 años, diversos sectores como el comercio electrónico o el negocio publicitario se han ido concentrando en menos corporativas. Una tendencia que está corrompiendo uno de los principios más elementales del capitalismo; la competencia.

No obstante, no todo son ruines preludios. Desde hace más de un año la Comisión Federal del Comercio ha estado investigando las prácticas de la red social de Mark Zuckerberg, denuncia efectuada por la presunta eliminación de la competencia por parte de Facebook. Una mala praxis que, en el caso de que se demuestre, podría socavar el dominio hegemónico de la gran tecnológica. Y esto no es todo, empresas como Google y Amazon también están en el punto de mira. Incluso irónicamente la propia Facebook se dispone a preparar una demanda antimonopolio contra Apple. Un haz de luz necesario para proteger a aquellos que anhelan adentrarse en la selva silvestre de la competencia. Acciones que requieren de mucha presión cuando las multinacionales rompen los límites de las reglas de connivencia del laissez faire.

Cuando los ingresos de Facebook superan el PIB de múltiples países. Cuando Facebook cuenta con la potestad de eliminar del mapa virtual al presidente de los Estados Unidos o influir en los resultados de una elecciones presidenciales. Cuando Facebook absorbe o erradica a todo potencial competidor. Cuando se llega a ese punto de poder e influencia en la pirámide alimenticia, se debe pasar a la acción, frenar esa locomotora imparable e inexorable. Porque si no, ya será demasiado tarde para combatir la era del Estado-Empresa.

Adrián Haro es estudiante de periodismo en la Universidad Pessoa-Canarias

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