Viviendo en San Borondón

El nuevo Retablo de las Maravillas (I)

El por siempre genial escritor y crítico de la sociedad del Siglo de Oro Español, Miguel de Cervantes y Saavedra, escribió su lúcido y muy apropiado hasta para nuestros días “Retablo de las maravillas”, en el que unos pícaros (Chanfalla y su compañera Chirinos) llegan a un pueblo con la idea de representar allí una función insólita.  En el retablo (un teatro de marionetas) se pregona representar una historia extraordinaria, pero con la particularidad de que no puede ser vista por hijos bastardos o por gente de sangre no pura, es decir, por aquel que no fuese cristiano viejo y tuviese ascendencia mora o judía.  Acaba el entremés con la llegada de un jefe militar al no le importa decir que no ve nada en el retablo, donde nada hay en realidad, al desconocer el supuesto poder mágico que le suponen. Cunde el estupor, el escándalo y la vergüenza entre los pueblerinos que no saben muy bien si han de reconocer que unos vulgares charlatanes titiriteros les han engañado con sus “maravillas” maravillosas.

Cambien ustedes, pacientes lectores, a los pícaros Chanfalla y Chirinos por el Dr. Sánchez y el Marqués; el retablo por las televisiones fieles al social-podemismo; a las marionetas por tertulianos de mucho progreso; la limpieza de sangre por ideología de izquierda y ultraizquierda; añadan un toque sazonador de supuesta lucha contra el franquismo como pedidrí revolucionario, aunque muchos de ellos no tengan la edad para haberlo sido, y tendrán una perfecta puesta al día de la obra cervantina. “Nada nuevo bajo el Sol”, predicaba ya hace milenios en la Biblia el Eclasiastés (Cap. 1, vers. 9).

Creía que mi capacidad de asombro ante la maldad y la mentira política la tenía ya saturada, pero me equivocaba.  Es cada día más evidente que nos hemos acostumbrado a que el Gobierno nos mienta a diario e incluso que hasta mienta cuando desmiente.  Y no se habla de discrepancias ideológicas, normales y necesarias en una democracia, sino a la mentira en el más estricto sentido de la palabra:  “decir deliberadamente lo contrario a lo que se piensa o sucede con ánimo en engañar”.  Algunos ministros del Gobierno de España han hecho del mentir sin pausa ni sin sonrojo un arte, aunque tal vez lo hagan porque saben que como son o dicen ser de izquierdas, sus escandalosas mentiras no le pasarán factura electoral. Es más, mentir a destajo sonriendo a las cámaras de televisión, parece ser un mérito para ocupar puestos de salida en las listas electorales en los segundos y terceros niveles.

Por imposibilidad de tiempo y espacio, sólo se pueden citar a modo de ejemplo algunas de las mentiras que debieran ser más sonrojantes para alguien con un mínimo de sentido moral y vergüenza democrática, que podrían inspirar hoy a Cervantes para una nueva serie de sus Novelas Ejemplares.  Se puede empezar por aquello del Dr. Sánchez de que no pactaría con Podemos o con Bildu; seguir con Ábalos y sus nueve versiones contradictorias en el caso Delcy; con  Marisú Montero y las bajadas de IVA “prohibidas” por Bruselas para las mascarillas o el recibo de la luz. Se puede rematar el podio de la infamia en este recordatorio no exhaustivo con Don Simón, el experto del inexistente Comité de Expertos, y el ministro-candidato Illa con la gestión de la pandemia, que teniendo en su saldo político una tragedia con unos 80.000 muertos, tiene paradójicamente por nombre de pila Salvador.

Y para acabar con un político canario, José Segura Clavell afirma, ¡cómo no en la SER!, que “no hay el más mínimo dato que constate la llegada de yihadistas en patera ni tampoco la existencia de barcos nodriza”.  Por lo visto espera que los terroristas y los traficantes de personas informen al Gobierno de sus planes e intenciones en una página web.  Y es que las advertencias de las fuerzas policiales españolas y europeas, con los precedentes de asesinatos islamistas en Europa, las hacen sólo para asustar y como quinta columnistas contra el Gobierno y contra Marlaska.  Es obvio que cualquier socialista o podemita progubernamental negará lo que sea menester, hasta que se produzca la posible tragedia y entonces culpará a Aznar y a los otros tres mandatarios de la foto de las Azores, los del trio que son un cuarteto.

No poner a las fuerzas policiales en máxima alerta ante esta posibilidad real, que ya se ha materializado en media Europa con decenas de muertos, seria una negligencia criminal del Ministerio del Interior y también del CNI que debiera activar todos los recursos disponibles, si el Ministro de la cosa social lo tiene  bien, lo permite y no interfiere…  ¿Se puede ser más incompetente y temerario?  ¡Sí, se puede!

José Francisco Fernández Belda

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