Al Faro

El Ministerio de la Censura

Decía James Madison que todos los gobiernos descansan inevitablemente en la opinión pública. Pero si hay algún sistema en el que esta máxima cobra carta de naturaleza fundamental ese es el democrático. Precisamente la democracia es el gobierno de la opinión y la deliberación pública y ahí reside su ventaja comparativa con cualquier otra forma de organización política conocida.

La pretensión de poner en funcionamiento un órgano gubernamental para controlar la libertad de información con el fin de supervisarla y examinarla, no es solamente un ataque a la libertad e independencia de los medios, es sin ningún género de duda una nueva intromisión del Gobierno en nuestras libertades y derechos individuales.

Porque no nos confundamos, más que coaccionar o coartar la independencia de los medios, ya de por si bastante manipulados, lo que Sánchez e Iglesias persiguen con esta nueva norma, es la organización de la mentira ( que no de la verdad) a conveniencia de parte y la regulación de la opinión pública, su estandarización y su instrumentalización completa tal y como mandan los cánones de la más avanzada ingeniería social.

Lo que pretende el gobierno, empero, no es precisamente defender la verdad, porque la verdad y la opinión pública son cosas de naturaleza distinta que operan en planos ontológicos distintos. La verdad se mueve en el ámbito filosófico y metafísico, la opinión es siempre discursiva como la propia naturaleza de la teoría y la praxis Política por cierto. Decía Bertrand Russell que la verdad oficial es una cosa y la verdad otra, claro y conciso como buen matemático.

La Orden 1030/2020 de 30 de Octubre que justifica este nuevo atropello a nuestras libertades constitucionales, se sustenta en el oximorón evidente de “fortalecer la libertad de expresión y el debate democrático, examinando la libertad y el pluralismo de los medios de comunicación”. Es decir, el gobierno “fortalecerá” la libertad de expresión “examinando” por nosotros la propia libertad de expresión y de conciencia que constitucionalmente nos asiste. Toda una declaración de intenciones.

Resulta hilarante que precisamente este Gobierno  que calificaba, por ejemplo, de desinformación las publicaciones y noticias que alertaban sobre la gravedad del coronavirus, es decir, el gobierno que enfrentado a una sesión de hemeroteca saldría abrasado por el uso y el abuso sistemático de la mentira, sea el que se convierta en juez (y parte) de lo que es publicable o no publicable. Hay que recordar que el lider de Unidas Podemos ha amenazado desde siempre con el control de los medios de información como un objetivo estratégico de su acción política. Nada nuevo bajo el sol pues.

Poco a poco avanza el proyecto «gramsciano» de hegemonía sobre todos los ámbitos de una sociedad ahora también encerrada y asustada. Desde la reinterpretación de la Historia en claves estricamente gubernamentales, hasta una Educación convertida en mero adoctrinamiento ideológico y entregada cobardemente a los nacionalismos cuyo corolario ha sido la eliminación, ya de derecho, del Español como lengua vehicular en las aulas.

Así pues, cegados todos los orificios por donde penetra la luz de la racionalidad y el pensamiento críticos los españoles, cual habitantes de la caverna platónica, tendrán que conformarse cada día más con las sombras chinescas que Pedro Sánchez, Pablo Iglesias e Iván Redondo proyecten en la cuarteada pared que es esta España de 2020.  Una pared por cierto que amenaza ruina.

Algunos se preguntaban cómo se perdían las democracias pues estén atentos a sus pantallas y no pestañeen.

David Crespo.

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