Jóvenes periodistas

El cambio de paradigma

Inmigración, identidad, feminismo, nacionalismo y religión son algunos de los temas que trató el politólogo Francis Fukuyama en una entrevista del El País hace un año. Más allá de todo este buffet de cuestiones, el resurgir de los nacionalismos es el que más ha preocupado al politólogo estadounidense. Todo comenzó con la gota que colmó el vaso. La victoria de Donald Trump en las elecciones de 2016. Acontecimiento que provocó un cambio de paradigma. Se despertó a la bestia dormida. En su obra El fin de la historia y el último hombre aseveraba el triunfo de la democracia liberal sobre los totalitarismos. Afirmación que se está poniendo en duda.

Según Fukuyama, el auge de estos movimientos populistas, sucedieron en localizaciones donde había democracias consolidadas. Cual efecto dominó, este sentimiento nacionalista enervado y alienado se ha convertido en un fenómeno global. Bolsonaro en Brasil, Lepen en Francia, Salvini en Italia,  B. Johnson en Reino Unido, Abascal en España, todos han adecuado las mismas estrategias electoralistas para seducir al pueblo y alzarse con la “victoria”, al igual que su aliado pionero. 

A partir del surgimiento de estos movimientos agresivos, aparece un concepto imprescindible, la política de la identidad. La identidad, según Fukuyama, se fundamenta “en el sentimiento que todos tenemos sobre un yo interior con una cierta dignidad o valor”. El sentimiento nacionalista es una muestra de ello. No obstante, el filósofo define diferencias con respecto a movimientos identitarios progresistas como el Black Lives Matter o el feminismo, cuyos propósitos son vencer una injusticia social que afecta a determinados colectivos.

A priori, son grupos de presión necesarios para nuestra sociedad. No en vano, pueden volverse problemáticos en el momento en que el modo de nacer se vuelve un condicionante a la hora de expresar opiniones. En cuanto a este apartado Fukuyama aclara que: “todos tenemos identidades particulares, pero en democracia también es importante tener sentido de comunidad, porque debes participar en el sistema político democrático”. En pocas palabras, cada ciudadano debe poseer plena conciencia de los problemas que afectan a todos como sociedad. Por eso, la empatía se convierte en un valor primordial. 

 Por otra parte, las corrientes progresistas occidentales no han sabido lidiar con diversos problemas que afectan a la certidumbre de los europeos. Los flujos migratorios avivados por la guerra de Siria en 2015, han ocasionado un movimiento reaccionario ante este fenómeno. Y no hay que malinterpretar esta situación, la inmigración controlada es positiva, dado que aumenta la mano de obra y enriquece la cultura de un país. De hecho, EEUU se construyó a tráves de los movimientos mirgratorios. El discurso del odio y del miedo, representa la estrategia esencial que todos los partidos populistas de ultraderecha han empleado para ganar influencia a costa de la inmigración.

El discurso progresista y tradicional ya no convence a las masas, su imagen ha sido perjudicada por su falta de innovación dialéctica. La derrota de Hillary Clinton o la derrota del laborista Jeremy Corbyn en las elecciones de 2019, son una muestra de ello. “El problema se centra sobre todo en el cambio económico y las tensiones sociales que emergen”. Hasta hace relativamente poco, Europa gozaba con mayoría de países con gobiernos de centro- izquierda. No en vano, con el pasar del tiempo, el paradigma ha cambiado notablemente.  Ya lo estuvo recordando el historiadorTony Jutd en su último ensayo Algo va mal. Cómo las socialdemocracias estaban siendo mermadas de nuestra civilización occidental.

El interrogante sigue en el aire, ni quiera Fukuyama es capaz de predecir lo que nos va a deparar en occidente a lo largo de los próximos años. Cada vez estamos más cerca de un Brave New World al más estilo del famoso literato Aldous Huxley, un mundo donde la sociedad subsista bajo el yugo del capitalismo voraz y controlado. Grosso modo, todo apunta a que nuestra democracia liberal, tal y como la conocíamos, ha sufrido cambios que han afectado a la forma de percibir la política internacional. Es un hecho desalentador pero verosímil. Los interrogantes son ¿Hacia dónde vamos a ir a parar? ¿La historia se va volver a repetir? ¿No hemos aprendido de los males del nacionalismo?

Como bien dijo Manuel Castells en una entrevista, todos los fenómenos que suceden en el mundo, internet los amplifica. Y con el populismo nacionalista ha ocurrido. Las redes sociales han sido los principales núcleos de actuación política para la sustentación de su discurso. Por eso, no hay que culpar al votante, es solo una víctima más del arte de la seducción política.  Sin duda, Steve Bannon, el antiguo estratega de Donald Trump, ha elaborado una minuciosa estrategia para debilitar y cambiar el paradigma occidental. Confrontación, miedo, incertidumbre. Divide y vencerás, eso decía Julio César. Táctica que, según Maquiavelo, es infalible y efectiva para derrotar al enemigo.

Adrián Haro es estudiante de Periodismo en la Universidad Fernando Pessoa – Canarias

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de sus datos para estos propósitos. Ver Política de cookies
Privacidad
A %d blogueros les gusta esto: