Jóvenes periodistas

Gobernar en tiempos difíciles

Monumento Nacional Monte Rushmore

Mucha gente concibe la política como una profesión deleznable y burda, llena de rácanos con ansias de tomar el poder para controlar y desvalijar todo lo que puedan. Políticos que gobiernan como zánganos mientras ignoran las demandas de una muchedumbre carente de lo básico para vivir. No le falta razón, hay cuantiosos casos que lo demuestran. Venezuela, Cuba, Brasil, México, incluso España sin ir más lejos. Países con un factor común: gobernantes que solo piensan en sus intereses partidistas

No en vano, en los tiempos difíciles que corren, he podido apreciar gobernantes que han conseguido solventar con coherencia la situación sanitaria y socioeconómica. Ángela Merkel en Alemania, Jacinda Ardern en Nueva Zelanda, Moon Jae-in en Corea del Sur, Justin Trudeau en Canadá, Scott Morrison en Australia, y podría continuar con más ejemplos. Líderes que han evidenciado su virtud para gobernar en tiempos difíciles.   Y es que, fuera de la infame visión de gobernar una nación, la política per se sirve precisamente para curar las fallas que tanto tiempo se llevan reclamando. Generar empleo, crear leyes, luchar por la igualdad, firmar acuerdos internacionales, dialogar con la gente o cubrir las necesidades básicas, son algunas de las acciones que un gobernante puede ejecutar durante su mandato. 

Según la RAE (Real Academia Española), la gobernanza es : “Arte o manera de gobernar que se propone como objetivo el logro de un desarrollo económico, social e institucional duradero, promoviendo un sano equilibrio entre el Estado, la sociedad civil y el mercado de la economía”. Por lo que, la gobernanza no es una disciplina para cualquiera, requiere de sabiduría, dedicación y compromiso. En el Príncipe, una de las obras más prominentes de la historia moderna, el filósofo político Nicolás Maquiavelo expuso las claves para reinar eficientemente un país. En el capítulo XXII habla de la importancia de poseer un círculo de consejeros confiables. ¿Por qué esto es tan crucial? Simple, si cuentas con personas entendidas en diversos campos, aumenta la capacidad de obrar de un modo sensato. Y eso repercute en la imagen que proyecta el gobernante hacia el pueblo. Más vale ser respetado por su virtud que amado por su elocuencia. 

Si dibujamos un recorrido por la historia de Estados Unidos, podemos descubrir gobernantes prolijos que, en tiempos de incertidumbre, supieron actuar meticulosamente. Abraham Licoln abolió la esclavitud a pesar de que los estados de la Confederación se negaran. George Washington, el primer presidente de EEUU, logró sin ninguna bandera partidista aprobar la Constitución de 1789, además de establecer y consolidar la presidencia dentro del nuevo orden constitucional. Franklin D. Roosevelt ocupó el cargo durante 12 años y es considerado por muchos como el mejor presidente de la historia de los Estados Unidos. Los mandatos del susodicho presidente estuvieron marcados por momentos icónicos, el gran acuerdo económico- social tras la Gran Depresión, conocido como el “New Deal”, salvó al sector privado y logró reformar el sistema bancario. Cada uno de estos personajes representan el claro modelo a seguir para un porvenir provechoso y saludable en tiempos difíciles. Fantasmas del pretérito que sirvieron a su país asumiendo la responsabilidad de lo que eso conllevaba. 

Pero ¿qué hay del presente? Actualmente EEUU está atravesando un momento convulso y con muchas piedras en el camino. El Covid 19 y la polarización de la sociedad americana rememora el periodo de entreguerras que acaeció a principios del siglo XX. El presidente Donald Trump no sólo no ha demostrado la disposición necesaria para afrontar la crisis sanitaria, sino que ha actuado de forma irreflexiva desde que comenzó la pandemia. Más de siete millones y medio de ciudadanos contagiados. Más de 200 mil defunciones. Mítines electorales abarrotados de gente sin mascarillas. Ademán hostil contra sus detractores “si los saqueos comienzan, los tiros empiezan”. Nula transparencia con los ciudadanos estadounidenses. Hacer caso omiso a los expertos -consejeros- que forman parte del círculo del presidente. Y sobre todo, imputar a otros de su incompetencia -China y la OMS- en lugar de enmendar los desaciertos

Episodios de ayer y hoy que demuestran la ineptitud de Trump y de muchos presidentes para gobernar en tiempos difíciles. Quisiera que estimen que esto no trata de un espectro político en concreto, sino de la predisposición para cargar sobre los hombros las dificultades de un país. La tenacidad, la transparencia, la confianza, el respeto, la diplomacia y el sacrificio constituyen las piezas inexcusables para construir un engranaje que funcione a largo plazo. Porque cuando el invierno llega solo los gobernantes recios serán aptos para encender la hoguera de la esperanza. Y no cualquier mortal goza de la antorcha que prende dichas llamas

Adrián Haro es estudiante de Periodismo en la Universidad Fernando Pessoa-Canarias

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