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La retórica en el debate de Donald Trump y Joe Biden.

Hoy, 30 de septiembre, tuvo lugar el enfrentamiento que muchos estaban esperando. Donald Trump y Joe Biden se veían las caras en el primer debate presidencial. Muchos temas se pusieron sobre la mesa: el futuro del Tribunal supremo, salud, gestión del Covid-19, economía, etc. Un debate clave para aquellos votantes indecisos con su voto. Más pronto que tarde, el debate se convirtió en una trifulca de gritos e interrupciones constantes de uno y de otro. En un debate televisado, la retórica es una herramienta esencial para adornar el mensaje que se quiere transmitir, por esta razón, me gustaría señalar la imagen que ha mostrado cada candidato en cuestión a retórica y discurso.

El presidente Donald Trump ha estado acompañado de su frecuente actitud característica en él: canalla y abusiva. Actitud que, a pesar de todo, otorga mayor agresividad y entretenimiento al debate. Trump lo sabe y, por ende, debe cumplir su rol de políticamente incorrecto. El presidente arremetió con contundencia contra Joe Biden durante todo el debate, acusándolo de socialista, amigo de los antifascistas y de no haber hecho nada ni como vicepresidente, ni en los últimos 47 años. Las interrupciones fueron constantes y alteró a Biden en varias ocasiones. Una estrategia para desestabilizar al adversario y, de esta forma, acceder a sus puntos débiles. Schopenhauer ya lo ilustraba en su libro El arte de tener razón (1831)

“Suscitar la cólera del adversario, ya que, encolerizado, no están en condiciones de juzgar de forma correcta y percibir su ventaja. Se le encoleriza no haciéndole justicia, enredándose abiertamente y, en general, mostrándose insolente”.  

De igual manera, me percaté de un detalle muy sutil durante el debate. Donald Trump empleó en numerosas ocasiones la primera persona, para afirmar con contundencia lo bien que había gobernado el país. En todo momento, Trump contraatacó con “triunfos” que él había llevado a cabo a lo largo de su recorrido como presidente de los EEUU. Las preguntas del moderador fueron contestadas con vagas respuestas, sin especificaciones claras del rumbo de sus políticas. Cuando se le preguntó acerca del Obamacare -plan médico que Trump había rechazado desde sus inicios- su respuesta fue la siguiente: “el Obamacare es un desastre y es demasiado caro”. Trump no planteó ninguna alternativa, burló al moderador para evadir la pregunta. 

Mientras tanto, Joe Biden intentó mantener la compostura en todo momento. El discurso y el tono ha sido persuasivo y cálido, acudiendo a la segunda persona del plural para dirigirse a los televidentes. Gracias a este recurso se consigue una mayor simpatía por parte del receptor. En términos de contenido, el discurso del ex vicepresidente estuvo cargado de sensaciones, para así, causar mayor impacto emocional. Con todos estos ingredientes, Biden efectúa una retórica discursiva equilibrada. Asimismo, Biden empleó un recurso muy útil para ridiculizar los argumentos del adversario, la risa. Mofarse de las acusaciones del adversario supone un escudo efectivo para no perder los papeles.

No en vano, la falta de carisma y fuerza en sus palabras -cualidades de las cuales Trump goza- provocan una clara desventaja del candidato demócrata. Es inequívoco que en varias ocasiones atacó a Trump con varias cuestiones relacionadas con la pandemia, el fraude fiscal y la cobertura sanitaria. Es algo inevitable teniendo en cuenta la naturaleza del acto comunicativo. Pero, ¿fue suficiente? El problema que atisbé de Biden fue su demasía formalidad que, en lugar de tumbar al rival de enfrente, asestó menos golpes de los que recibió. Sobremanera, Joe Biden respondió con ambigüedad y sin manifestar un desenlace alejado de lo genérico.

Trump acertó muchos dardos directos a la diana de Biden. Aún así, ambos candidatos mostraron un nivel muy pobre que entorpeció la fluidez de lo que se estaba comunicando a las masas. Con desencanto ademán no voy concluir con un firme ganador. Eso lo decidirá la población engatusada por uno u otro.

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