Jóvenes periodistas

Carpe Diem

Noto, con cierto desencanto, que mucha gente no vive. No me malinterpreten, no estoy hablando de cadáveres andantes -aunque a veces lo parezcan- sino de un determinado grupo que no aprovecha el regalo que la madre naturaleza les ha concedido. Porque el hecho de que usted y yo existamos es mera casualidad. Las personas a las que aludo desconocen la virtuosidad de sentir los latidos, de contar con un cuerpo provisto de movimiento, de poseer una mente dotada de recuerdos y pensamientos, de respirar aire fresco, de experimentar sensaciones inconcebibles una vez muerto. Y es que, parece que el eterno confinamiento no ha servido demasiado para alentar el deseo de vivir.

¿En qué se fundamenta la vida? Es una buena pregunta para comenzar. Realmente, sus implicaciones varían dependiendo de los individuos, no existe una forma modélica de vivir la vida. No en balde, lo que sí tengo claro es que hay una serie de pilares sine qua non para alcanzar una vida plena. Vínculos interpersonales e intrapersonales, motivaciones y, no menos importante, carpe diem. Este último pilar es crucial para entender la tesis que intento exponer ante ustedes. Carpe diem es una locución latina que significa “aprovecha el día” o “cosecha el día”, en otras palabras, vive el presente y no lo malgastes.

El tiempo es algo intangible, omnipresente, incontrolable, muy preciado por los seres humanos. Cuando usted malgasta tiempo, lo paga con tiempo de vida. Por eso, aprovechar el momento constituye una manera valiosa de que ese tiempo que gastes, lo gastes con un valor añadido. La obra Momo de Michael Ende, es un reflejo de esa sociedad desconectada de la vida. Los llamados hombres de gris son una representación analógica del sometimiento del Homo Sapiens a los quehaceres que merman la propia vida. Una cosa es trabajar para vivir y, otra muy diferente, vivir para trabajar. El orden de los factores sí altera el producto, la calidad de vida.

Ganarse la vida es necesario, pero no puede convertirse en el único centro de atención porque si no, uno olvida vivir. Estudiar, como es evidente, es un requisito para forjar un futuro prometedor, pero no se puede convertir en tu único pilar. Uno no puede eliminar de su memoria, los vínculos y lo que conlleva vivir una vida en condiciones. Por eso, no puedo comprender a la gente que está constantemente en esa dinámica. El trabajo y tú. Los estudios y tú. Los videojuegos y tú. ¿Eso es todo? ¿No te hace falta nada más? ¿De verdad eso te aporta viveza? Sé con certeza que cada uno tiene su estilo de vida, es algo normal en un mundo hasta arriba de concepciones variopintas de la vida. Pueden resultar superfluas mis palabras, pero quiero llegar a lo más profundo y abstracto de tu conciencia.

Contemplar un paisaje, tocar un gato, disfrutar de una dulce velada con viejos amigos, visitar a un abuelo enfermo, practicar un deporte nuevo, experimentar en el amor. Carpe diem, esto es todo lo que tengo que decir. Aprovechar todos los pequeños momentos que la vida brinda. El tiempo tiene memoria, cuídalo y construirás una casa de naipes hermosa con diminutas luces. Luces que, cuando la hora llegue, volátiles se extinguirán para trascender en lo más elemental de la existencia humana. That’s life.

Adrián Haro Arroyo, estudiante de Periodismo en la Universidad Fernando Pessoa

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