Foro España

Losas sobre nuestro tejado económico

Es en los tiempos difíciles, cuando los pueblos salen adelante si encuentran auténticos líderes que hagan frente con realismo y decisión a las dificultades sin recurrir a la demagogia populista. Son líderes sociales, empresariales y, con menor frecuencia, políticos que no ofrecen a los ciudadanos amor y felicidad, sino esfuerzo y sacrificio para vencer las dificultades. Y si esos pretendidos líderes son políticos, no prometen imposibles subsidios sociales depredadores del erario, sino que implementan mecanismos para permitir el avance económico y social como ciudadanos libres, no desvalidos dependientes del estado. Es, como bien reza el refrán chino, no dar un pescado para que coma hoy, sino enseñarle a pescar para que se alimente toda su vida.

Cuando todo va relativamente bien, la inercia hace que los auténticos retos y problemas se pospongan sin afrontarlos de manera seria, sistemática y sin sectarismos ideológicos, que las más de las veces son ilusas recetas fracasadas en otros lugares. Es la iniciativa individual, el deseo de prosperar o el miedo a perder, el que hace avanzar a la sociedad. A los políticos se les pide que solucionen los obstáculos, eliminen las trabas burocráticas innecesarias y ejerzan un razonable control de la situación, pero nunca que pretendan “apostar” por un modelo que la experiencia dice que más pronto que tarde será un derroche lamentable, aunque unos pocos se hayan lucrado en exceso y con cargo al presupuesto público.

Según algunos estudios, al menos cuatro de cada diez canarios viven directamente del turismo. De los otros seis, probablemente, al menos otros tres trabajen en actividades complementarias a la demanda turística. Es el caso del ocio, los servicios o la agricultura, aunque muchos no lo sepan muy bien. “El 85% de los canarios desconoce la importancia del turismo para la economía regional”, era el dato desolador que arrojaba un encuesta en 2003, que es muy posible que hoy en día, tras las crisis pasadas, ya este dato no sea el mismo y se haya aprendido con sangre.

Sin pretender abrumar con cifras, resulta revelador que, por ejemplo, en Canarias viviendo 2.082.780 personas (a junio de 2020) nos visitaron 13,1 millones turistas en 2019. Eso supone que a lo largo del año comen y duermen 4,62 turistas por cada residente. La agricultura y la industria local y la de importación, han de suministrar las materias primas que, tras una mayor o menor elaboración, llegarán a los platos de todos. Según Hosteltur, el turismo supuso el año 2016 el 34% de la economía de Canarias, dando empleo a 212.466 personas. Es alentador comprobar que en 2010 ese porcentaje era del 25% del PIB.

Y por mucho que se diga, esta es una realidad incuestionable: el turismo es el gran motor de nuestra economía y locomotora del empleo. Por eso hay que cuidarlo con mimo y esmero. Y por eso fue de lo mas atinado aquel eslogan que acuñó el fallecido Antonio Romero Aumente, el que fuera concejal de turismo en San Bartolomé de Tirajana, asesor de Jerónimo Saavedra como Presidente del Gobierno de Canarias, así mismo ocupó otros cargos públicos y privados de relevancia en el sector: “Turismo somos todos”. Se puede y tal vez se deba, si eso fuera posible, desarrollar otros nichos de actividad, pero sin menoscabar lo que ya está funcionando. Y ese desarrollo alternativo, como lo llaman muchos políticos, no puede ser artificial y a golpe de talonario público. Si fuera una actividad rentable, algún emprendedor lo acometerá. El político sólo deberá no molestar ni poner palos innecesarios en las ruedas del progreso. Y si lo dejan, cortar algunas cintas en las inauguraciones para cuando toquen elecciones.

Con frecuencia tiende a pensarse que el negocio turístico se circunscribe a la construcción, los alojamientos y los aviones o barcos. Se olvida, por ejemplo, cuando se habla de construcción, que el negocio turístico empieza cuando el constructor entrega la llave al explotador. Y así lo olvidaron los políticos que, por una cuestión de ideología pseudoecologista, llamaron erróneamente “moratoria turística” a lo que era una “moratoria de construcción”, que en aras de una supuesta sostenibilidad y de una fingida calidad, confundieron buenos servicios con instalaciones lujosas para conceder las estrellas a los hoteles. Como muy bien decía un ministro alemán, asiduo visitante de Maspalomas: “la calidad no es mármol en el piso, son las personas”. Y con socarronería berlinesa apostillaba, “¿para qué quiero un hotel con cinco piscinas si yo sólo me baño en una? No hay hoteles cinco estrellas, hay clientes y servicios cinco estrellas”.

Y cuando el grave problema de la COVID-19 amenaza de muerte la industria turística y como consecuencia el bienestar general de los canarios, un problema no resuelto por el Gobierno de España, resurge de nuevo la avalancha imparable de inmigrantes irregulares. Unos son rescatados en el mar por Salvamento Marítimo, testando su estado de salud y practicándoles pruebas PCR. Pero otros arriban a las playas y se dispersan corriendo sin que puedan ser controlados por la policía, ante el estupor de bañistas que hacen vídeos que en poco tiempo se hacen virales en las redes sociales. Las locales, nacionales e internacionales.

Conviene tener bien presente que el turismo es posiblemente la única actividad humana que se compra en un sitio, pero se consume necesariamente en otro. La persona que está frente a un televisor o un monitor en un lugar remoto, piensa y siente lo bien que se sentirá o la experiencia inolvidable que sería pasar unas vacaciones en esas Islas Canarias que todos llaman Islas Afortunadas. No es por casualidad que algún patronato use fotos de playas paradisíacas para promocionar un destino local que no las tiene. Y es que en estas cosas de la propaganda, una imagen vale más que mil palabras. Y las percepciones entran por los ojos, no son racionales.

Pero ese potencial cliente ve en los telediarios, o en su Whatsapp, las imágenes de la inmigración desordenada, las cifras alarmantes de contagios en ese destino soñado (aunque no estén directamente relacionado lo uno con lo otro), de la nula reacción de las autoridades… lo que era una ilusión de felicidad, se transforma en una potencial amenaza terrible.

Y para colmo de males, el Gobierno de España decide alojar a los inmigrantes en situación ilegal en apartamentos y hoteles turísticos. Y esas imágenes, con pretensión de demostrar el gran corazón que tienen, siempre con el dinero ajeno, corren como la pólvora. Y como la pólvora también se suceden las cancelaciones y las ofertas de los turoperadores, alarmados ante tamaña insensatez. Por mucho que se intente blanquear el asunto diciendo que además de ser humanitarios y no xenófobos, algún empresario puede sacar de un ERTE a sus trabajadores al reanudar la actividad de su planta alojativa, el daño que se ha hecho a la imagen turística de Canarias

Tampoco conviene olvidar la imagen contradictoria que se transmite a la población, consistente en que mientras ahora se aloja a los inmigrantes irregulares en apartamentos y hoteles turísticos, a buena parte de los cerca de 9.000 canarios afectados por el incendio del pasado año 2019, se les instaló en albergues y polideportivos. Por cierto, esos canarios fueron socorridos con alimentos aportados altruísticamente por los ayuntamientos y empresarios de esas localidades, empresarios tantas veces vilipendiados, así como también por la solidaridad y generosidad de numerosos voluntarios. Bien es verdad que se podría alegar que muchos de los alojamientos turísticos estaban en plena y normal explotación en aquellos momentos, sin embargo aún no había llegado la temporada alta de invierno, que es cuando pueden estar gran parte de las plazas alojativas ocupadas. Sea como fuere, el Gobierno no solicitó que esa planta pudiera ser usada temporalmente para auxiliar a nuestra gente, como sí ha hecho ahora. Creo que a estas alturas los políticos y ciudadanos habrán tomado cumplida nota de estas incongruencias negativas para su propios intereses y mensajes de solidaridad para con los de afuera.

Como contrapartida e hipótesis de trabajo, se podría aprovechar la experiencia y buen hacer del Imserso, para establecer un convenio de colaboración que permita implantar un programa similar para familias que se encuentran en situación de vulnerabilidad, cobrando Ertes o jubilados Canarios o Peninsulares con mayor aportación del Imserso, para que de esta manera pudieran pasar un semana o dos en los alojamientos turístico en Canarias al mismo tiempo que facilita la sostenibilidad de nuestro modelo túristico y la lectura positiva de los ciudadanos, sindicatos y empresarios a la iniciativa del Gobierno de Canarias.

La pandemia nos ha caído encima como una losa y aunque parezca una maldición bíblica, no es inevitable que arruine el desarrollo económico y que condene al paro a miles de trabajadores. Es aún posible salir más o menos airosos, con más o menos heridas económicas y sociales, si todos trabajamos juntos para corregir las perversas secuelas de la enfermedad y del confinamiento. Es en este sentido que cobra todo su sentido la recomendación muy acertada, con la que seguramente estaremos todos de acuerdo, del presidente de la Federación de Empresarios de Hostelería y Turismo de Las Palmas (FEHT), José María Mañaricua, que depende mucho del comportamiento social de los residentes, respetando escrupulosamente las normas sanitarias, para que los contagios bajen. Esto permitirá reactivar la economía y conseguir que el destino se vuelva a percibir como seguro para nuestros visitantes, los nuevos y los que repiten año tras año.

Para ello es esencial que los ayuntamientos hagan el mayor y mejor esfuerzo para evitar incumplimientos insolidarios y no permitir aglomeraciones. Aunque una golondrina no hace verano, se ha visto en la prensa en días pasados como un grupo de unos 15 jóvenes permanecían sentados en la arena de la Playa de Las Canteras en lo que parecía una festiva reunión. Lamentable fue que transcurrido una hora allí continuaban sin hacer acto de presencia la policía local, a pesar de que se les requirió telefónicamente. Casos como este, que vuelan por las redes sociales, son los que se deben evitar.

Habrá que seguir pensado en como todos y cada uno podemos arrimar el hombro en la tarea de salvar el sector más importante de la economía canaria y del empleo. Pues en esas estamos, algunos muy felices, pero la mayoría de los que viven del turismo y sus ramificaciones, desolados con algunas desafortunadas decisiones políticas.

Santiago Ceballos E.

Miembro del Foro Canarias

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