Foro España

Discurso de Alfonso Guerra en perspectiva

La intervención más aplaudida de las 30 de las que hubo en la reunión del Grupo Parlamentario Socialista del 10 de junio de 2014 fue la de Alfonso Guerra. Muchos os habéis preguntado qué diría. Ahí os dejo el texto:

«Compañeros y compañeras: estoy en franca y pronta retirada de la actividad política, razón por la cual eludo interferir en los asuntos ordinarios del Partido. Pero estos días he sentido una honda preocupación a causa de algunos pronunciamientos que afectan a asuntos importantes para todos los españoles. Y no he querido inhibirme ante una situación transcendente. Tras escuchar algunas de las intervenciones en esta sesión del Grupo Parlamentario, mi preocupación, lejos de disiparse, se ha agravado.

El debate acerca de nuestra votación en la sesión de mañana no tiene sentido. Se trata de que el Parlamento tome nota de una decisión, la abdicación que corresponde al Jefe del Estado, como debe ser en una Monarquía parlamentaria.
¿Cuál sería el resultado de un hipotético voto negativo? ¿No aceptar la abdicación del Rey?

Utilizar, como hacen otros, esta toma de conocimiento como un pretexto para plantear el debate monarquía/república, no puede ser calificado más que como un ejemplo de oportunismo.

¿Por qué, entonces, se plantea entre algunos militantes? Porque se mira con el rabillo del ojo lo que hacen otros, por el temor de una pérdida de votos, de apoyo popular. Pero el PSOE es un partido con vocación mayoritaria, con vocación de gobierno y no tiene la laxitud que se permiten los partidos solo de resistencia o partidos sólo de protesta. El PSOE no puede orientar sus actitudes fundamentales por razones coyunturales o por circunstancias puntuales. No podemos actuar como otros que en el debate constitucional se irritaron porque los socialistas propusimos y votamos un Voto Particular en defensa de la República; ellos no lo votaron y actuaron con un fanatismo monárquico semejante al fanatismo republicano que agitan hoy.

De pasada diré que resulta cuando menos sorprendente que la Mesa del Congreso, sin duda ante el temor de la posible reacción, haya aceptado enmiendas a la ley que no tienen cabida por su naturaleza y contenido y cuyas consecuencias supondrían cambiar la Constitución, sin seguir el procedimiento constitucionalmente establecido.

El debate de monarquía/republica ya se produjo en esta Cámara, gracias a los socialistas. Y puede producirse de nuevo si se planteara una reforma constitucional que incluyera el título preliminar. Según establecimos los socialistas en el debate constitucional, estos se lo plantearían si cambiaran las circunstancias que hicieron compatible la actuación de los socialistas y la monarquía, es decir, si dejara de respetarse la democracia por la institución monárquica.

No creo que en este momento histórico se haya planteado una intromisión ilegítima del Jefe del Estado en la actividad política, hurtándose la democracia. Francesç Carreras explica hoy con lucidez el carácter democrático del régimen del que hoy disfrutan los españoles. No es preciso recordar la aventura de 1981, aunque olvidarlo sería injusto con un Rey sin poderes que puso por delante la democracia y la Constitución.

Cuando en 1977 el Parlamento asumió la soberanía del pueblo y emprendió la tarea de redactar una Constitución que después fue aprobada por referendo popular, los socialistas asumimos la obligación de plantear todas las instituciones básicas de nuestro sistema político sin excepción alguna. Incluso la forma política de Gobierno. Tuvimos que soportar intensas y reiteradas presiones porque renunciáramos a plantear el asunto, pero las soportamos por fidelidad a nuestra historia, por mantener un proyecto autónomo.

El grupo socialista expresaba que la forma de gobierno y la figura del Jefe del Estado no podía ostentar otra legitimidad que la de su asentamiento constitucional y parlamentario. Por eso presentamos un Voto a favor de la república. Se votó, se perdió y acatamos la decisión. De seguido se votó el texto del párrafo 3 del artículo 1, y naturalmente nos abstuvimos en esa votación. Y no quisimos caer en el oportunismo de otros que reclamándose de la izquierda pensaron que la forma de gobierno era algo derivado de pactos ocasionales o debido a gratitudes momentáneas.

La actitud de los socialistas ante la institución monárquica es más serena, más de principios, más estable, más sincera. Es conocida nuestra preferencia republicana y no hay que ocultarla, pero también sabemos que el socialismo, en el poder y en la oposición, no es incompatible con la monarquía, cuando esta institución cumple con el más escrupuloso respeto a la soberanía popular y a la democracia.

Cuando los fundadores del Partido, Pablo Iglesias a la cabeza, elaboraron el Programa Máximo del Partido, el ideal, no inscribieron en él la forma de gobierno republicana, lo que da idea del carácter secundario que tenía para los socialistas.
El PSOE durante años no quiso aunar esfuerzos con los partidos republicanos, hasta que la actuación del monarca, de forma sectaria, en la vida política, hasta conducir al país a una dictadura, impuso como una necesidad imperiosa la fórmula republicana, para alcanzar unas verdaderas libertades públicas y un régimen democrático. El PSOE fue republicano cuando no hubo otra forma de asegurar la soberanía popular, el imperio de la ley.

Tenemos una imagen de la República como una sola realidad política, pero no es así. República hubo cuatro: la de colaboración de clases con los partidos burgueses hasta el año 33, la de la derecha extrema hasta el 36, la del Frente Popular hasta la sublevación de una parte del Ejército, y la de la guerra. Y no con todas me siento identificado.

Después de esgrimir todos estos argumentos en el debate constitucional los socialistas nos comprometimos una vez más con la democracia, con la regla de las mayorías y minorías.

Y así anunciamos que los socialistas aceptaríamos lo que resultara en ese asunto del Parlamento constituyente. Si democráticamente se establece la monarquía, en tanto sea constitucional, nos consideramos compatibles con ella. Así fue aprobada y los socialistas quedamos comprometidos con nuestro acatamiento, salvo que cambien las premisas que hacen compatible socialismo y monarquía. Apoyamos el conjunto de aquella Constitución porque entendimos que ese era el camino para abrir nuevas etapas de progreso y transformaciones sociales en España.

Con este bagaje de actuación limpia y clara no es posible prestar oídos a los planteamientos que se pretenden derivar de lo que se nos ofrece mañana, tomar estado de conocimiento de la abdicación del Rey. No podemos caer en la tentación de dejar la defensa de la Constitución a la derecha. No fue su Constitución, sí es la nuestra, la hicimos con el centroderecha de UCD mediante el consenso de casi todas las fuerzas políticas.

Y es sano recordar que nosotros debemos competir políticamente con nuestro propio programa, querer competir con el programa de otros nos llevaría al fracaso, a la renuncia de la autonomía del proyecto. En las elecciones unas veces se gana y otras se pierde, pero si lo que perdemos es la coherencia de los firmes y largamente debatidos principios estaríamos lanzando por la borda el largo camino recorrido por hombres y mujeres del socialismo, durante 135 años, que han entregado parte de sus vidas o sus vidas enteras a la defensa de nuestros valores. Estaríamos también arrumbando el único proyecto serio, coherente, honesto que la izquierda ofrece a tantos hombres y mujeres que no tienen otro instrumento que luche por su dignidad y bienestar, que el Partido Socialista.».

Eligio Hernández, exfiscal general del estado y presidente de Sociedad Civil Canaria. Militante socialista.

 

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