Tribuna Libre

Toca arremangarse

No hay nadie medianamente informado y reflexionado que no ande agitado por la situación que vive esta España nuestra siempre cargada de rencores, envidias, fanfarronería, nihilismo y cicatrices abiertas en canal.  Políticos, periodistas, líderes de opinión y poderes fácticos del mundo económico han construido una nación con unos mimbres muy enclenques para poder seguir siendo una referencia en la aldea global en la que vivimos. La ausencia de liderazgos integradores nos llevan irremediablemente al sálvese quien pueda. Sufrimos tres grandes crisis en estos momentos: la política, la económica y de valores.

Para poder corregir el rumbo debemos cambiar la manera de hacer las cosas. La Nación no puede seguir abordando los problemas como pollo sin cabeza, con dirigentes de cartón piedra, improvisando, poniendo parches, creando estériles comités o dándole a los retos una patada para adelante. Hace falta una estrategia nacional a largo plazo, con objetivos claramente definidos, ampliamente debatida y consensuada, creativa, radicalmente democrática, honesta, sustentada en la seriedad, el rigor y que ignore a bocachanclas de todo a 100.

Esa “hoja de ruta” debe reforzar la autoestima colectiva, el orgullo nacional, nuestro legado en la historia, el marco constitucional, nuestra impronta internacional, la cultura, la salud pública y esa economía de mercado que da de comer a tanta gente.  Debemos empezar por robustecer el equilibrio de poderes, respetar nuestro marco legal, defender la libertad individual, poner el acento en lo que nos une, simplificar nuestro marco competencial, poner cerco a la corrupción, amortizar a vendedores de crecepelo metidos a políticos, despolitizar la justicia, finiquitar las tensiones territoriales, defender a los trabajadores, cuidar a la cada vez más esquilmada clase media, no eternizar las subvenciones y paguitas clientelares, abordar el futuro de nuestras pensiones, abordar el reto de la digitalización, volver a tener un industria sólida, acabar con el gasto público poco eficiente, no achicharrar a impuestos a aquellos que generan riqueza, simplificar la administración, combatir la economía sumergida, una acción exterior potente que mejore nuestra imagen internacional, reparar radicalmente nuestro sistema educativo, apostar por la investigación y la sanidad, apoyar la natalidad y las familias, reforzar nuestras fronteras, interiorizar la necesidad de cuidar nuestro medio ambiente, no olvidar nuestra España rural, exigir veracidad a nuestros medios de comunicación, entre otros aspectos.

Para afrontar un problema hay que diagnosticarlo, asumirlo, exteriorizarlo sin miedo ser etiquetado por los torquemadas buenistas y abordarlo con valentía intelectual y sin clichés ideológicos. La cultura de lo políticamente correcto es la alfombra que oculta muchos de las tensiones actuales. Sin honestidad, creatividad, solvencia profesional y altura de miras será muy difícil abordar las debilidades de nuestro país. Decía Albert Einstein que «locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados» y no iba desencaminado. Toca arremangarse si queremos legarle a nuestros hijos una sociedad competitiva, cívica, libre y con igualdad de oportunidades.

 

Antonio Gallego Burgos es economista, exdiputado nacional por Barcelona y exportavoz de Presupuestos del Partido Popular.

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