Viviendo en San Borondón

El taller de ebanistería de Néstor Álamo

Con mucha pena  e injustamente huérfano de gloria, se deteriora abandonado el edificio que en su día albergara el taller de ebanistería que Néstor Álamo tuvo en la Calle Peregrina 4, a caballo entre la zona de Triana y el inicio de la Vegueta que tanto quiso y estudió el sin par grancanario, hoy apenas recordado por las autoridades políticas y los grupos folclóricos, que parecen avergonzarse de beber en ese caudal de inmenso amor por Gran Canaria que siempre tuvo Néstor Álamo, padre ignorado de muchas de nuestras actuales señas de identidad.

 

Don Antonio de Béthencourt y Massieu, el que fuera catedrático de historia moderna, rector de la Universidad de La Laguna y decano de la Facultad de Geografía e Historia de la UNED, dijo en 1999 en el prólogo del libro “Mis tardes con Néstor Álamo”, escrito por su inseparable amigo y confidente Luis Armando Doreste y Quesada:  “Néstor, no sólo es historiador, narrador y crítico literario, también está dotado de una sensibilidad y harta facilidad poética.  Es más, muchas emparentadas directamente hoy con la tan traída y llevada poesía popular.  A sus canciones y, eso es mérito de Doreste, el haber recogido y resucitado algunos de sus poemas y quizás salvarnos sus extraordinarios villancicos.  Con algunos me felicitó las Pascuas, en mis años madrileños”.

 

Tal vez la más insigne obra de Néstor es La Casa de Colón, institución cultural situada, ¡cómo no!, en el barrio histórico de Vegueta, en Las Palmas de Gran Canaria, Canarias.  La base del museo fue una una vieja casona de finales del XVI, totalmente restaurada o reformada con gran cariño.  El próximo año se cumplen los 70 años de su inauguración, en 1951, aunque en puridad tuvo múltiples inauguraciones, a medida que se iban acabando los distintos elementos y había una fecha propicia para ello.  En el libro citado, el propio Néstor narra algunas de esas peripecias que bien merecen repasarse y recordar de paso al que fuera su mentor: Matías Vega Guerra, a mi entender, el que fuera último gran líder que tuvo Gran Canaria.

 

Pero volviendo a la calle Peregrina, allí instaló Néstor Álamo su taller de ebanistería.  Su patio interior fue testigo de muchas de sus preocupaciones artísticas y culturales.  En su fachada, Néstor no pudo sustraerse a dejar constancia en piedra de retazos de su alma y su peculiar religiosidad, en especial a su fijación Mariana.  Sobre el dintel de la puesta principal, ordenó granar un escudo de tipo heráldico de su invención.  Es un Ave María con corona y cordón o rosario franciscano y el nombre María en lo alto.  Por si hubiera duda también grabó, de izquierda a derecha, una para mí enigmática fecha: 1790, Jesús, María y José.  Aunque Néstor se declaraba no creyente, no ateo como afirman algunos, el respeto con que trata los temas religiosos tradicionales es de admirar.  Sus afanes por la Virgen del Pino y la potenciación de su romería, sus villancicos y esta plasmación en piedra de su marianismo, evidencian algo de su tan atormentada como inquieta alma grancanaria.

 

Al hilo de ese taller de ebanistería, me permito contarles una anécdota que me contó mi madre.  Cuando se trasladó a Gran Canaria desde La Gomera, ella era natural de Agulo, trajo consigo un Cristo crucificado que su padre había traído de Cuba.  La cruz original estaba carcomida y mi madre deseaba conservar ese recuerdo en el mejor estado posible.  Con la idea de que se la restauraran, se la llevó a Néstor a su taller.  Como recordaba mi madre, Néstor la observó atentamente mientras escuchaba su historia.  Finalmente le dijo algo que no puedo dejar de reseñar:  “Mire señora, yo no soy creyente, pero al oírla y por ser el primer trabajo que me encargan, le voy a hacer una nueva cruz…  y no le voy a cobrar nada”.

 

Anécdota aparte, que sólo es un detalle intimista de la sensibilidad del artista, creo que el Ayuntamiento de la ciudad y el Cabildo de Gran Canaria, podrían estudiar la posibilidad de hacer algo al respecto para recuperar una parte de la vida y la memoria de nuestro conciudadano Néstor Álamo.  Aunque la casa está en venta, cosa difícil de lograr como prueban los muchos años que han pasado con el anuncio, y teniendo en cuenta la necesaria austeridad a que nos vemos abocados, tal vez sería interesante restaurar algo la fachada y la carpintería de puertas y ventanas, soterrar el cableado que afea notablemente la casa y la calle, y colocar al menos una placa que recuerde lo que allí hubo y quien allí vivió y se afanó.

José Francisco Fernández Belda

 

Esta web utiliza cookies, puede ver aquí la Política de Cookies
A %d blogueros les gusta esto: