Orden Dórico

Credulidad

Tras el forzado pacto del abrazo entre Pedro Sánchez Castejón y Pablo Iglesias Turrión, quienes 48 horas antes no podían ni verse, el pasado mes de enero ambos cabecillas políticos decidieron someter a España a un experimento de gobierno de coalición “progresista y de progreso”, como solían repetir machaconamente por aquellos días. A partir de ese momento comenzó un auténtico asalto dialéctico con la intención de conquistar el inconsciente colectivo de la población, con una muletilla de supuesto logro que todavía dura, “¡la primera vez en la historia…!” o su variante superlativa “¡la más importante de la historia…!”, seguramente para desviar el foco de algo que, convenientemente contenido y frenado en la etapa de Felipe González, se esconde, sin embargo, en lo más profundo del adn de las izquierdas: la perpetuación en el poder.

 Hoy padecemos esta situación debido a la obsesión de Pedro Sánchez por el poder. Una conducta carente de cualquier tipo de empatía, de la que ha dado constantes muestras a lo largo de su tropezada trayectoria política. Desde entonces, su proceder parecía no tener otra justificación que el de la resurrección del más puro espíritu largocaballerista de quien, entre otras muchas perlas, son dignas de recordar las siguientes:  “la clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la Revolución”; aleccionaba a los suyos Largo Caballero en un mitin el municipio jienense de Linares en enero de 1936.  “El Partido socialista no es un partido reformista. Cuando ha habido necesidad de romper con la legalidad, sin ningún reparo y sin escrúpulo. El temperamento, la ideología, y la educación de nuestro partido no son para ir al reformismo. Si los socialistas son derrotados en las urnas, irán a la violencia, pues antes que el fascismo preferimos la anarquía y el caos”, se empeña en recordarnos la memoria histórica del partido del puño y de la rosa, en esta ocasión mediante el registro de lo dicho durante el Discurso del XIII Congreso del PSOE celebrado en 1932, siendo Largo Caballero Ministro de Trabajo y Previsión Social. Y en esas, parece que estamos.

Por su parte, Pablo Iglesias que inicialmente tuvo la habilidad de aprovechar el descontento general que en 2011 se agrupó en torno al movimiento del 15M, haciéndole públicamente los honores al adoctrinamiento marxista e identificándose como un comunista convencido; vendiéndose como un líder cercano, que jamás abandonaría su barrio y al que le parecía una indecencia que un político pudiera cobrar cuatro mil euros mientras hubiera un solo ciudadano que llevase a su casa un sueldo de mil. Es decir, que fundamentó su meteórico ascenso engañando a quienes definía como “los de abajo”. Pero poco a poco, debe por ser el maléfico efecto que causa la mezcla de escaños y poder, el cabecilla del partido morado ha ido perdiendo el apoyo de “las mareas”, de “las confluencias” en incluso de aquellos que, creyendo en él fundaron el partido podemita. En la hemeroteca, la videoteca y la “twitteroteca”, se pueden encontrar un sinfín de registros de la trayectoria de este personaje que tan sólo con 35 escaños y en plena decadencia de su partido político ha conseguido abrazar y ser útil a Pedro Sánchez, para llevar al gobierno (me cuesta escribirlo con mayúsculas), su adaptación de la doctrina marxista. «Sin comunismo no existe democracia» decía Marx; y eso mismo reiteran algunos marxistas contemporáneos para negar que cualquier forma de democracia también puede ser posible, pero… los dictadores fascistas, son otros.

La credulidad es la facilidad que tenemos las personas para creernos lo que otros nos cuentan. Dentro del ámbito de la piscología e incluso de la filosofía, se denomina crédulo a quién, por su personalidad inmadura, su escasa capacidad de pensamiento crítico, o su inclinación al autoengaño tiende a creer con excesiva facilidad, incluso a pesar de las evidencias en contra, en todo lo que se le presenta. Y en esas estamos. Nos creímos que lo de Sánchez era socialismo; nos creímos el 15M, y que Iglesias viviría en su barrio de siempre con un sueldo de mil euros. La idea principal que comparten Pedro y Pablo es la cambiar el modelo de Estado: cambiar el modelo de democracia, la Constitución, el sistema económico y crear una sociedad incapaz de organizar su vida, sus derechos y sus libertades por sí misma; una sociedad de ciudadanos dependientes que le dé perpetuidad a su modelo y a sus ideales.

Nos creímos el experimento de coalición “progresista y de progreso” que lleva en su interior la semilla de la traición…. Incluso, entre ellos mismos. Y si no, al tiempo.

Artículo de José María Ayaso

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