Viviendo en San Borondón

La soberbia del poder

En estos días en que un desnortado y ocurrente gobierno, para su desgracia ideológica “reina” en España, cada semana dicta en confusos reales decretos el destino de nuestras vidas, decretos que el Dr. Sánchez ha anunciado previamente en sus interminables spots publicitarios de fin de semana, al peor estilo bolivariano.  Sospecho que también la gente escucha más radio que se ve televisión y es en aquellos medios dónde es más fácil la reflexión sobre el fondo de los mensajes que en los shows televisivos, donde tanta farándula y subvencionados artistas campan sin respeto, ni propio ni ajeno, por los platós.  Y tal vez por eso crece la indignación.

 

Resulta ya inocultable e indisimulable, por más que Iván Redondo y Miguel Ángel Oliver pretendan hacer pasar mentiras por verdades avaladas por desconocidos científicos, que el gobierno Podemos-PSOE se mueve por impulsos pretendiendo ser el primero en anunciar medidas epatantes que se les han ocurrido la noche antes, sin asesorarse de los expertos.  Nunca recuerdan los logros que nunca logran, salvo los conocidos bulos gubernamentles.  O lo que es aún peor, sin dejarse aconsejar ni pretender ser aconsejados por los que realmente conocen los problemas reales, no la ideología sectaria.  Por eso rectifican sobre la marcha las rectificaciones a sus rectificaciones cuando se evidencian como auténticos disparates.

 

Es la multisecular soberbia de los gobernantes, tras haber pisado moqueta y haber llegado a ser carga pública.  Y eso es trasversal, ocurre antes o después con todos los políticos, incluso o sobre todo con los que lograron sus votos diciendo que nunca dejarían de vivir en sus barrios para seguir en contacto con la gente, hasta que se mudan a Galapagar o a La Moncloa y se ocultan en ruedas de prensa sin periodistas o con una vergonzante censura en las preguntas.

 

Sin pretender agotar la larguísima lista de disltes decretados, que espero la gente esté tomando nota para no olvidar lo que tantas vidas está costando en España, me han llamado la atención dos medidas gubernamentales relacionadas con los aforos, dictadas por la ocurrencia y la propaganda chusca y que si se hubieran dignado a consultar, dejando a un lado su soberbia por más títulos que conocimientos tengan en sus historiales, jamás hubieran postulado para figurar en la historia del desatino escribiéndolas en el BOE.  ¡De ocurrencia en ocurrencia hasta la ruina total!, y cuanto más numerosa sea la famélica legión, mejor para Iglesias y su socialismo del siglo XXI, tal como lo definió y practicó hasta arruinar Venezuela desde Hugo Chávez hasta Maduro, siguiendo a los Castro, modelos todos ellos de libertades y progreso proletario.

 

Una de las atónitas réplicas a las ocurrencias se la oí a un dirigente empresarial del sector hostelero.  Se quejaba, con toda la razón, de dos cosas que el improvisador gobierno Podemos-PSOE, por boca del ocurrente Illa, había anunciado en televisión.  Se preguntaba que cómo piensan ellos y sus agitadores políticos que se puede mantener el mismo nivel de personal en un restaurante, camareros y cocineros, si se limita el aforo al 30%.  Es evidente que a ninguno de los expertos gubernamentales se le había ocurrido.  O sí, y eso es más aterrador.  Pero lo peor, señala el empresario, que el criterio, si es que tuvieran alguno, no debe ser el aforo sino la distancia entre mesas.  Tal vez al oírlo, hoy mismo habrá una nueva rectificación.

 

La segunda cómica ocurrencia, si no fuera dramática, se la oí a José Luis Garci, el cineasta oscarizado que el artisteo de la progrez pretende marginar.  Comentaba en “La Tarde de Dieter” en esRadio, perdón por escuchar asiduamente esa emisora, que estaba atónito al haber escuchado que el Gobierno va a permitir que se abran los teatros, mientras se limite el aforo.  Si se hubieran molestado, repito que dejando a un lado la soberbia del titulado universitario indocumentado, en consultar a cualquier experto en el mundo de la escena, le hubieran dicho que los actores, y las actrices para evitar la tontuna lingüística, se quejan muchas veces de que sus compañeros les escupen durante la representación.  Y si todas las personas emitimos al hablar gotitas de saliva, por eso se recomiendan las mascarillas, los actores o cantantes más aún por tener que hablar o cantar con fuerza.  ¿Una nueva muestra de idiocia o de soberbia?

 

También comentaba Garci que no le parecía oportuno hablar de desconfinamiento o confinamiento, ya que el DRAE define esa palabra como “pena por la que se obliga al condenado a vivir temporalmente, en libertad, en un lugar distinto al de su domicilio”, y que se sepa, no estamos condenados y sí estamos recluidos en nuestros domicilios.  Y añadía que porqué decir desescalada en vez de disminución, u otro sinónimo, si siempre hablaron los supuestos expertos de aumento de la pandemia.  No se puede desescalar lo que nunca se escaló.  Bueno eso era antaño, antes de que se implantara la neolengua del politiqués.

José Francisco Fernández Belda

 

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