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El gobierno del bulo se «lava las manos» con los test

Como el cuento de  las aglomeraciones que pasaron de no ser importantes a mantenernos confinados más de un mes en nuestras casas, lo mismo  ha sucedido con las mascarillas que se pasó del solo sirven para los contagiados a exigirlas hasta para ir a la nevera . Ahora le toca el turno a los test. Que por lo que se ve han pasado como el coche de  Mister Marshall.

El ministro Illa nos vuelve a aconsejar el aseo de manos y la limpieza personal como mejor mecanismo para mantenernos inmunes al bicho de Wuhan. Contagiados pero limpitos que si hay que morir se muere con dignidad.  Que nos vamos conociendo señor Illa ya son muchas horas de comparecencia. Todo el mundo sabe perfectamente a estas alturas que sin test no llegamos al oximorón monclovita de la «nueva normalidad».  Pues como no los tienen simplemente recurren al pensamiento mágico como en el Macondo del «Gabo». Si no hay test no pasa nada, nos lavamos las manos y a correr.

Para colmo de males al pobre gobierno achicharrado del otrora impoluto Sánchez la prensa, todavía libre, los ha pillado en un bulo, o bueno no seamos en exceso duros, una mentirijilla piadosa que ya sabemos que los bulos solo dicen los de la derecha, o dicho de otra manera todo lo que no sea ortodoxamente pro-gubernamental.

Pues si amable lector que hasta aquí nos sigues, resulta que el gobierno ha hinchado y falseado sus propios datos en relación al número de tets para aparecer ante el espejo de la OCDE como uno de los campeones del mundo. Pero como en el retrato de Dorian Grey al apolineo Sánchez se le empieza a desfigurar el rostro cada vez que el tiempo y el discurrir de la gobernanza nos desvela que detrás de esa fachada no hay más que vacuidad. Fuegos fatuos y frivoliades. Lo peor para el presidente es que la figura deformada y falsa que proyecta el espejito la vemos todos los españoles. Y nos turba.

En medio del espectáculo la gente desde sus ventanas cada vez aplaude menos y cada vez refunfuña más . Se saben, nos sabemos, abandonados y a la deriva como la balsa de Medusa. Al gobierno y sus «fans» ya no le asisten razones solo les van quedando los alaridos cada vez más estridentes de Jorge Javier reivindicándose desde el fango como «rojo y maricón» por si había alguna duda. Hasta Ristro y El País empiezan a oler la sangre. Todo lo demás es silencio desesperanza y nostalgia mucha nostalgia. ¿Y del futuro? Del futuro ya si eso, hablamos mañana. Tempus fugit.

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