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La falsedad de que los recortes sanitarios son la clave de las muertes en España

Empieza a ser ya recurrente un mantra que se repite desde determinados sectores ideológicos, en especial de la izquierda, de que la tragedia española tiene que ver con los recortes que practicó el PP (y el PSOE añadimos nosotros) en la sanidad española. En este artículo demostraremos que no es para nada correcta semejante simplificación argumental.

Pues bien. Si hay un material sanitario que estos días está más codiciado que nunca, aparte de mascarillas o respiradores, son las camas o unidades de cuidados intensivos (UCI)  ―en Francia reciben el nombre de camas de resurrección y en América Latina de terapia o tratamiento intensivo―. La gran cantidad de enfermos está colapsando los hospitales, y es en las UCI donde se está librando el pulso contra el virus, pero también contra los números. En Italia y en España no ha habido camas para todos los pacientes para todos los pacientes que necesitaban UCI. ¿Pero realmente es por el número o ratio de camas uci/país u obedece a otras razones?

¿Podemos achacar a los recortes que se pudieron practicar en estos años al impacto de la pandemia de forma directa y acrítica como se está deslizando desde algunos sectores de la izquierda española? La respuesta es no.

Después de consultar datos para hacer una  clasificación que se puede encontrar en un estudio de 2012 (The variability of critical care bed numbers in Europe) muy completo, pero al ser de 2012 hemos optado por considerar país por país para obtener una visión más exacta del panorama actual.

Así, los números obtenidos, que incluyen camas públicas y privadas, confirman la privilegiada posición de Alemania, con 33 unidades de cuidados intensivos por cada 100.000 habitantes. Le sigue Estados Unidos, un país orientado a la atención médica especializada que, por su modelo sanitario, está más preparado para atender a pacientes en estados más avanzados de su enfermedad. China sorteó la crisis del coronavirus con tan solo un ratio de 4 camas, pero sus UCI no se vieron sometidas a tanta presión como las de España o Italia, por ejemplo. Estos países cuentan con 9 y 8 camas por cada 100.000 habitantes, respectivamente, muchas menos que Alemania, por lo que era de esperar que su capacidad se viera sobrepasada a los pocos días de explotar la pandemia.

En España hay más camas de UCI por 100000 habitantes que en Reino Unido y Japón, y una menos que Corea del Sur que por cierto es el modelo a seguir en la lucha con la epidemia y el país del mundo con mejores resultados. Suponiendo que hubiera cinco camas más por 100000 habitantes de UCI en España, una cifra bastante abultada en el mundo en cuanto a medicina pública. ¿Cinco camas por más por 100000 habitantes hubieran marcado la diferencia? La respuesta es que los datos y las cifras de fallecidos en España concretamente no hubieran variado sustancialmente.

Lo que se ha demostrado efectivo y sustancial en el menor impacto de esta tragedia ha sido la anticipación y la planificación. Así Portugal y Grecia, muy por debajo de España y otros países como Bélgica, Francia o Reino Unido em número de UCIS y de infraestructura sanitaria han mostrado un comportamiento ejemplar durante esta pandemia debido a la agilidad de sus gobernantes.

Y eso que estaban castigados por los «hombres de negro» de la Troika, ¿recuerdan?.

Todo esto no implica que haya que hacer una reflexión profunda sobre nuestra estructura burocrática y sobre nuestras prioridades de inversión como país. Entre otras cómo optimizar y mejorar nuestra sanidad pública o oncertada y privada.  Eso tampoco lo dudamos.

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