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¿Es prudente relajar las medidas de confinamiento y volver al trabajo el lunes?

Está por ver si las medidas de apertura del gobierno son del todo oportunas dada la situación de la epidemia en estos momentos en España. Las experiencias que hasta el momento se han visto no aconsejan precisamente la precipitación a la hora de aflojar las medidas restrictivas y de mitigación.

Los casos más paradigmáticos fueron los de Estados Unidos y sobre todo del Reino Unido. En Reino Unido Boris Johnson, que por cierto ahora está en la UCI afectado por la enfermedad, planteaba mantener abierta la economía británica en la medida de lo posible, confinando en exclusiva a los grupos de riesgo. La realidad ha sido tozuda y al final ha tenido que claudicar ante la virulencia del virus y la inutilidad de tener el país al ralentí durante mucho tiempo. La sangría, el coste de vidas humanas sería inasumible y tampoco hay garantías de que la economía británica aguantase en una situación tan dramática. Finalmente Boris Johnson tuvo que dar marcha atrás y establecer el indeseado lockdown o confinamiento a los británicos.

El diario El Pais recoge el 10 de abril que las medidas de vuelta al trabajo se han tomado sin el beneplácito de los llamados «expertos» del gobierno «sin el beneplácito de todos los expertos que el Gobierno nombró para que le asesorase en la crisis del coronavirus. Antoni Trilla, epidemiólogo y uno de sus miembros, asegura que no fueron consultados y que, en su opinión, “sería sensato” mantener una paralización total más allá de esta semana. Fernando Simón, que lidera este grupo, asegura que todas las discusiones se tomaron en el entendido de que la medida excepcional acabaría tras Semana Santa: “No hubo una consulta explícita de prorrogar el decreto, pero esa tampoco es nuestra labor; lo que hemos debatido es las medidas que tomar cuando esto se produzca”. Así lo expresa el rotativo madrileño.

Otros casos que demuestran que no conviene subestimar al virus incluso cuando había posiciones relativamente buenas de partida, son Japón y Singapur. En Singapur después de haberse resistido a intervenir con medidas drásticas como las aprobadas primero en China y después en Europa y Japón, finalmente el pasado martes el Parlamento se rindió a la evidencia y aprobó nuevas leyes que permiten poner en marcha grandes restricciones y que estarán vigentes durante seis meses. A día de hoy y con 1.910 casos confirmados -a principios de marzo solo tenía un centenar-, la excolonia británica deja de ser un ejemplo de cómo lidiar con la crisis para sumarse a la larga lista de países a los que la pandemia les estalla en las manos.

Otro de los escenarios que han vivido situaciones que plantean serias dudas de optar por un confinamiento leve es el de Bérgamo en la Lombardía. Se cerraron la mayoría de localidades cercanas a Bérgamo o Milán como Codogno pero se permitió seguir con un sistema blando en el polo industrial de Val Seriana. ¿Por qué no se hizo lo mismo en Val Seriana? Porque en este valle del río Serio se concentra uno de los polos industriales más importantes de Italia, y la patronal industrial presionó a todas las instituciones para evitar cerrar sus fábricas. Hoy la comarca bergamasca es la zona con más muertos por coronavirus por habitante de Italia –y de Europa– nunca fue declarada zona roja, a pesar del estupor de los alcaldes que lo reclamaban, y de los ciudadanos, que ahora exigen responsabilidades. Los médicos de cabecera de la Val Seriana son los primeros en hablar claro: si se hubiera declarado zona roja, como aconsejaban todos los expertos, se habrían salvado centenares de personas, aseguran, impotentes.

Esperemos que nuestro gobierno haya medido bien sus decisiones. Hasta el momento la improvisación ha marcado  la gestión del ejecutivo de Sánchez. Es una decisión arriesgada y está por ver qué efectos tiene en la evolución de la epidemia en nuestro castigado país.  Hacerlo sin haber hecho test masivos y por tanto sin saber real, ni aproximadamente, el número de personas positivas que incluso pueden ser asintomáticas es bastante arriesgado. Por otra parte no parece que las empresas españolas haya conseguido en este tiempo adaptarse para proteger correctamente a sus trabajadores, para evitar nuevos contagios en el ámbito laboral.

Por nuestra propia seguridad esperemos que no haya sido una decisión pecipitada que dé al traste con este mes de confinamiento.

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