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Diseccionando a: Pedro Sánchez qué nos dice su estructura corporal

Aunque pueda parecer extraño, algunos rasgos importantes de la estructura corporal de Pedro Sánchez y de Pablo Iglesias son muy similares, casi idénticos. Sin embargo, las consecuencias visibles de los acortamientos musculares resultan notablemente distintas en cada uno de estos dos hombres. Que no le quepa duda al lector de que también el presidente sufre problemas a partir de un mismo origen: las tensiones crónicas en la pelvis, de una parte; y de otra, lo que en la infancia ocurrió con las funciones excretorias. Explicaré cómo esta estructura guarda una relación inseparable con la obstinación y terquedad de Sánchez, al igual que ocurre con la obcecación de Iglesias, aferrado a ideas arcaicas y al pasado. En los artículos de las próximas semanas hablaré de los músculos que determinan de forma concreta el deterioro de la estructura corporal de Sánchez. Explicaré el origen de sus piernas arqueadas en relación con sus pelvis; el grave acortamiento lumbar; la barriga que tanto quiere esconder; y la espalda cargada, en un grado mucho menos grave que la del vicepresidente. Ahora conviene conocer algunos rasgos de la personalidad que el cuerpo del presidente revela y su primera singularidad. Esa peculiaridad estriba en una extrema tozudez sin objetivo. Un empecinamiento en ir… no se sabe a dónde, lo que equivale a perderse, a despeñarse en un abismo. Insiste, persiste y se obstina en la nada. Su narcisismo es de tal magnitud que tras la máscara sólo parece haber un gran vacío: todos hemos visto a Sánchez en distintas fotografías que revelan su gusto por el espectáculo y el ocio. Conocemos su salto en paracaídas; o ya como presidente las vacaciones en la playa; los viajes en el avión Falcon; su famoso lapsus al ocupar en el palacio real de Madrid un lugar preeminente que no le correspondía; las escapadas a las residencias de veraneo presidenciales. La vida de Sánchez parecía más bien una holganza casi continua, insólita en un gobernante que debe atender centenares de asuntos diarios. Su gobierno también transmitía la impresión de existir para el juego de las apariencias narcisistas y los gestos vacuos pero no para la realidad. La realidad, sin embargo, ha llegado brutal y terrible en forma de una epidemia que se ha cobrado miles de muertos. Y ese simulacro de gobierno no estaba capacitado para enfrentar lo real. Si nos atenemos a los hechos en la vida de Sánchez vemos a un individuo que parece haber nacido sólo para las representaciones sociales y el goce de la existencia, no para el esfuerzo y el sacrificio de gobernar. Contrastemos ahora las actitudes de distintas personas con el objetivo de comprenderlas mejor. Pensemos en un ejemplo: el señor Rajoy, anterior presidente del gobierno de España, dedicaba en su juventud trece horas diarias a estudiar. Preparaba una dura oposición a funcionario del Estado. Independientemente de nuestra valoración del señor Rajoy como gobernante, preguntémonos esto: ¿alguien imagina a Sánchez sometiéndose a una rigurosa disciplina de estudio durante trece horas al día? ¿O dedicándose intensamente a un trabajo concentrado, que requiera un esfuerzo sostenido sin exhibición pública? Difícil ver a Sánchez con esa actitud laboriosa, muchas veces entregada silenciosamente. Lo sabemos con certeza ya que el actual presidente del gobierno de España plagió su tesis doctoral, y aun así lo hizo de forma desmañada y con dejadez. Esa suma de actitudes que rezuman desinterés, negligencia, desgana y, sobre todo, rechazo del esfuerzo pero afán por un ocio y fiestas no merecidas, nos conducirán en el próximo artículo a las consideraciones sobre la estructura corporal de Sánchez, su escasa energía para tareas que requieren dedicación constante, y la dificultad para la concentración en las imprescindibles obligaciones de despacho, no visibles, no susceptibles de convertirse en vanagloria ante multitudes.

 

Joaquín Argente es autor del libro Estiramientos de las cadenas musculares. Recuperar la buena forma con el Método Mézières y la Bioenergética de Alexander Lowen

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