ActualidadViviendo en San Borondón

Unos aplauden, otros lloran sin consuelo

Aunque ahora pocas veces uso el ascensor de mi edificio, hoy el proveedor de noticias normalmente irrelevantes o triviales de OTIS, publicaba algo que me dejó una rara sensación.  Informaba que las tres palabras más buscadas en Internet por los españoles eran “resiliencia”, “morgue” y “triaje”.  En este censo de palabras, la tercera es la que causa mayor escalofríos a los que ya sólo peinamos canas.  Dice la Wikipedia que “el triaje, trillaje, cribado o protocolo de intervención es un método de selección y clasificación de pacientes empleado en la medicina de emergencias y desastres.  Evalúa las prioridades de atención, privilegiando la posibilidad de supervivencia, de acuerdo con las necesidades terapéuticas y los recursos disponibles”.  No explica directamente, tal vez por recato, que eso implica que alguien ha de decidir a quién atender y a quién desahuciar dejándolo morir.  Terrible situación y dilema moral para los médicos en una España que creíamos un paraíso sanitario casi perfecto, pero que un virus ha puesto en la encrucijada del destino.  Malo es que un médico se vea obligado, pero trágico sería si fuera un político camuflado con bata blanca y fonendo quien decide.

 

En estos momentos de crisis mortal hoy pero mañana económica y social, sería más necesario que nunca tener al frente de España a un auténtico líder que sirva de referente a los desorientados y engañado ciudadanos.  Eso fueron en otros también trágicos o trascendentales momentos de la historia reciente, Sir Winston Churchill, Ben Gourión, Konrad Adenauer o Charles de Gaulle entre otros muchos a quienes sus compatriotas no dudaron en seguir, incluso hasta la muerte.  Inspiraban certeza, no negaban dificultades, eran ejemplos de vida. Salían a los medios de comunicación con mensajes claros, no siempre amables, pero siempre veraces y creíbles.  No hacían peroratas hueras, repitiendo manidos eslóganes tomados prestados de otros políticos que sí fueron auténticas personas providenciales para sus países.

 

Sin la menor sombra de duda, un auténtico líder es lo que necesitamos hoy en España, no un cabecilla de una partida política más preocupada en salvar su chiringuito que en el sacrificio, incluso personal, por el bienestar de aquellos a los que juró proteger.  No necesitamos un presidente “póster”, ni tampoco un demagogo con ansias de hacer ingeniería social.  No necesitamos ni nos merecemos a un mentiroso recalcitrante, ni mucho menos a un comunista liberticida, aunque lo intenten blanquear con lo de ser un político populista.

 

Por más que desde el Gobierno de España se pida un apoyo cerril, sin admitir trato ni razonamiento, y que pida posponer las críticas a su evidente incompetencia hasta que haya pasado todo, el aceptarlo puede ser una postura suicida.  La prensa servil ya ha empezado a culpar a otros de sus propios errores, negligencias y evidentes mentiras.  Un pequeño ejemplo de hoy mismo en el teletexto de RTVE.es.  “Las CCAA calculan que el número de fallecidos triplica el oficial”, mientras que en el mismo teletexto dicen: “El País:  Los entierros en Madrid apuntan a que hay 3.000 muertes mas”.  Sobre todo, desprestigiar a Madrid, tergiversando el verdadero sentido de la noticia, increíble pero cierta, que el Gobierno o no sabe o nos oculta hasta el número real de fallecidos,  al menos eso dice un TSJ por ahora.

 

No cabe duda de que los españoles tenemos un sentido peculiar de la vida, unas veces trágico otras burlesco o bullanguero.  Cada tarde sale la gente a los balcones a aplaudir a los españoles que trabajan para nosotros, mientras otros cantan o interpretan piezas musicales como “Resistiré”.  Y eso está, posiblemente, bien.  Pero sin embargo hecho mucho de menos que a una hora determinada, esa misma gente salga al balcón a entonar un himno fúnebre, como podía ser “La muerte no es el final”, en recuerdo a los mas de 15.000 fallecidos (según cifras oficiales) de los que no han podido despedirse sus allegados y que incluso hay casos en que desconocen dónde está el cadáver.   Este tipo de homenajes póstumos, con un gran contenido de solidaridad nacional en el dolor, puede verse en las películas inglesas o americanas cuando cantan todos con sollozos contenidos y un nudo en la garganta “Auld Lang Syne”, “The time to say goodbye”, o cuando suena una trompeta llorando su “Toque de silencio” en los funerales militares.

 

Como nota estrictamente personal, les confieso que en esos caso de profunda tristeza o cuando sé de un acto de sublime bondad humana, trato de escuchar el segundo movimiento del concierto número 21 para piano y orquesta, “Elvira Madigan”, del inconmensurable Mozart.  Para mí al menos, es una música que envuelve los sentimientos más profundos del alma.

Artículo de José Belda

 

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