Tribuna Libre

Covid 19: quédate en casa y más investigación

La enfermedad (COVID-19), es una infección del tracto respiratorio causada por el coronavirus emergente: SARS-CoV-2.  El brote estalló en diciembre 2019, China. Específicamente en la ciudad de Wuhan.

El 81% de los enfermos padece síntomas leves. El 14% desarrolla síntomas severos con requerimientos de hospitalización y oxígeno. Mientras un 5% llega a necesitar cuidados intensivos, en general con ventilación mecánica. Pueden complicarse con síndrome respiratorio agudo grave, sepsis y shock séptico  o fallo multiorgánico. Se han observado también casos asintomáticos.

La infección puede propagarse de persona a persona a través de las gotículas procedentes de la nariz o la boca,  que salen despedidas cuando el individuo infectado  tose o exhala. De este modo se contaminan también los objetos y las superficies que le rodean, los cuales se convierten en un nuevo vector de contagio si tras tocarlos, las personas sanas tocan sus ojos,  nariz o boca. Se ha detectado carga viral en las heces fecales, aunque la propagación por esta vía no es un rasgo fundamental del brote.

Actualmente no existen criterios médicos concluyentes que permitan recomendar un tratamiento específico para la COVID-19. Por tanto el  aislamiento social para contener o mitigar la transmisión del virus es una prioridad. Se están realizando diferentes estudios clínicos en todo el mundo. Puede definirse como una “carrera científica y biotecnológica”, en la que todo el planeta resulta ser el público y a su vez,  parte interesada extremadamente expectante.

Desde el punto de vista molecular, todos los procesos de propagación vírica dependen de la maquinaria de la célula huésped, o sea, de la célula a la cual infectan. Los virus se replican (multiplican) a partir del mecanismo celular del hospedero. Una sola partícula viral, definido como virión,  que infecte a una única célula huésped, puede producir miles de viriones. Este es el motivo por el cual el reposo del paciente es importante en este tipo de afecciones, ya que desciende el ritmo metabólico y con ello,  la probabilidad de replicación vírica.

El sistema inmunológico y defensa del organismo, combate todo lo que reconoce como «extraño». Lo detecta, genera una respuesta y queda almacenada. Tiene memoria. En ningún caso debe atacar lo propio, lo cual sí ocurre en patologías autoinmunes. La base de este mecanismo de acción del sistema defensivo, determina que en general,    la obtención de fármacos antivirales efectiva sea «problemática», ya que los virus utilizan la máquina celular propia. En estos casos la mejor estrategia es «prevenir vacunando». Así se ha podido eliminar casi totalmente la viruela del planeta.

El genoma viral puede estar constituido por ADN o ARN. Los retrovirus, como el coronavirus SARS-CoV-2 de la COVID-19, poseen ARN y un mecanismo de replicación que introduce fallos, y consecuentemente mutaciones. La tasa de error es aproximadamente de 1 por cada 20.000 nucleótidos  —unidad constituyente de los ácidos nucleicos ADN y ARN— . Propiedad que resulta en una velocidad de evolución alta en comparación con otros patógenos, y la aparición de nuevas cepas. Las mutaciones pueden generar cepas más o menos virulentas. Sin embargo,  serán seleccionadas de modo natural, las que sean capaces de «infectarnos mejor», no las más letales.  Porque este criterio, garantiza simultáneamente la supervivencia viral.

La Biología Molecular y sus diversas ramificaciones, constituyen un conocimiento apasionante, rigurosamente empírico, pero al unísono  ingenioso. Durante décadas ha sido relegado a la obtención de fármacos que de un modo relativamente sencillo y rápido, produzcan una ganancia económica. Es cierto que las instalaciones, los reactivos, el equipamiento para llevar a cabo dichas investigaciones, necesita una inversión de millones de dólares o euros, además de tiempo hasta obtener un resultado realmente significativo. Su metodología se basa en la observación, el ensayo y el error; errores que pueden significar gran cantidad de dinero y años perdidos. No obstante,  si algo nos está demostrando el coronavirus de la COVID-19, es que si no se realiza dicha inversión, un retrovirus que ni siquiera es de los más letales, nos obliga  a paralizar el globo terráqueo con el único objetivo de “sobrevivir”.

Por lo que yo me atrevo a manifestar, que queda “empíricamente demostrado” que hay que invertir y apostar por la ciencia en general, facilitar además el desarrollo de la investigación bioquímica y biotecnológica. Esta es la ineludible y primera lectura de la crisis del coronavirus que estamos viviendo. Sin ciencia no hay futuro, al menos no uno de calidad.

Artículo de Tenad Zamora

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