Viviendo en San Borondón

El Plan de Paz o el Acuerdo del siglo

Pepe Belda

 

Hasta hace poco más de un mes, o menos porque en estos días es fácil perder el sentido del tiempo, ocupaba las páginas de todos los periódicos el “El Plan de Paz o el Acuerdo del siglo para Palestina”, el enésimo, presentado esta vez por el presidente Trump.  Venía  acompañado de una propuesta de fronteras, siguiendo la filosofía de intercambiar Paz por Territorios, y de una memoria económica dotada con 50.000 millones de dólares en inversiones en los territorios en litigio, no territorios ocupados como se suele decir incorrectamente, para la próxima década.

 

Con la actual crisis mundial por el coronavirus, no sólo ya no se habla de esto, sino que probablemente acabe siendo inviable su aplicación. De boquilla para afuera, ya Mahmud Abás había manifestado su rechazo al Plan en contra de la opinión individual de los países de su entorno, aunque de forma colectiva en la Liga Árabe se opusieran tibiamente al Plan.  Y es que una cosa es hablar para el mundo, normalmente en inglés, y otra bien distinta cuando lo hacen en árabe para sus poblaciones locales, en cantidad importante semianalfabetos y mantenidos artificialmente en la pobreza o directamente en la miseria en campos de refugiados, de los que no les permiten salir para poder cumplir lo que señaló, de forma certera aunque miserable, Yasir Arafat:  “Dado que hemos perdido la guerra, tenemos que ganar la batalla de la propaganda.  Necesitamos ‘niños posters’ tirando piedras a los tanques israelíes”. 

 

Esto puede leerse en la biografía autorizada del egipcio Mohammed Abdel Rahman Abdel Raouf Arafat al-Qudwa al-Husseini, auténtico nombre completo del cabecilla terrorista y asombrosamente Premio Nobel de la Paz en 1994, el mismo creador de Al Fatah del que un desesperado y enfadado Willian Clinton, Bill para sus amigos y periodistas, repitió la frase que hizo famosa el ex ministro de Relaciones Exteriores israelí Abba Eban “Los árabes [o los palestinos] nunca pierden la oportunidad de perder la oportunidad [de lograr la paz] .

 

Y en esta lucha interminable muy poco ayuda la ONU, practicando un antijudaismo disfrazado de un vergonzante antisionismo, como si reivindicar una patria judía propia no fuera lo que apoya para otros grupos humanos su Comité de Descolonización, y tal como en el caso de España es lo que reivindican los independentistas de todo pelaje y condición.  Con suma claridad es lo que argumenta el Dr. Edy Cohen, con datos y no con simples y simplones eslóganes propagandísticos, el investigador del Centro BESA (Begin–Sadat Center for Strategic Studies, dedicado a Menachem Begin y Anwar Sadat, quienes firmaron el Tratado de Paz Egipto-Israel, el primer acuerdo de paz rubricado entre Israel y un país árabe.)

 

En una flagrante capitulación ante el movimiento BDS, (Boicot, Desinversiones y Sanciones al Estado de Israel al que se sumó alborozado y alborotado el Cabildo Insular de Gran Canaria), el Consejo de Derechos Humanos de la ONU ha publicado una lista de 112 empresas israelíes vinculadas a los barrios judíos de Cisjordania en un esfuerzo por estigmatizar esas empresas y alentar su boicot.  Esta decisión altamente politizada no perjudicará a Israel, como se pretendía, sino que socavará el sustento de los muchos árabes y palestinos que, debido a la falta de suficientes oportunidades de empleo en las áreas gobernadas por palestinos, se ganan la vida trabajando para aquellas empresas israelíes.  El odio político irracional, sumado a la corrupción de la Autoridad Palestina y de Hamás, por encima del bienestar de sus gentes.

 

En su clarificador artículo “La ONU contra el pueblo palestino”, afirma el Dr. Edy Cohen que “al señalar a las empresas israelíes que emplean principalmente a trabajadores palestinos, el Consejo de DDHH de la ONU tan sólo ayuda a mantener a este último en la pobreza, un fin que sirve a los intereses de la Autoridad Palestina corrupta, que la ONU apoya automáticamente” y sin el menor análisis que no sea el puro antijudaismo que predica la destrucción total del estado de Israel y el exterminio de los judíos que allí viven.

 

Artículo de José Francisco Fernández Belda.

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