Actualidad

El calor de Canarias podría matar al «bichito» qué opinan los científicos

Pues aquí estamos un poco desbordados ya por la irrupción del dichoso bicho en nuestras vidas y lo cierto es que lo ha hecho como un elefante en una cacharrería. Como en la peli la  Amenaza de Andrómeda el peligro viene como diría Zapatero del aire, del viento, de las nubes. La muerte ha solido tener forma invisible casi microscópica. Así lo fue en el siglo XIV cuando la peste negra arrasó Europa, curiosamente el norte de Italia (Ferrara, Mantua, Pádova, Milán perdieron a más de la mitad de la población) fue la zona más afectada. De aquellos tiempos datan las representaciones de la danza de la muerte, la conmoción fue tal que después de despertar de aquella pesadilla colectiva, Europa despertó al Renacimiento.

Pero volvamos a lo mollar. Existen docenas de virus en la familia de los coronavirus, pero sólo siete afligen a los humanos. Se sabe que cuatro causan resfriados leves en las personas, mientras que otros son más novedosos, mortales y se cree que se transmiten por medio de animales como murciélagos y camellos. Los funcionarios de salud han etiquetado a este nuevo virus como SARS-CoV-2 y a su enfermedad como COVID-19. Lo de que el bichito podría morir con el calor ya lo tuiteó incluso Trump hace unas semanas.

Es una evidencia que los virus que causan gripe o resfriados coronavirus más leves tienden a disminuir en los meses más cálidos porque estos tipos de virus tienen lo que los científicos llaman «estacionalidad», por lo que los comentarios del presidente tienen cierto respaldo científico. Pero es altamente incierto que el SARS-CoV-2 se comporte de la misma manera. Pero de momento como nos tenemos que conformar con un desideratum: «Espero que muestre estacionalidad, pero es difícil saberlo», dice Stuart Weston, becario postdoctoral de la Facultad de Medicina de la Universidad de Maryland, donde se está estudiando activamente el virus.

Expliquemos sucintamente que es un coronavirus. Al nivel más básico, se puede pensar en la gripe y los coronavirus como una colección de proteínas y lípidos. Pasan de una persona a otra a través del contacto físico, pero también pueden existir en superficies duras o en la tos de las gotas respiratorias de una persona enferma. Una vez fuera del cuerpo humano, las fuerzas externas harán que el virus se deteriore. El alcohol en el desinfectante para manos, por ejemplo, descompone estas proteínas y lípidos, haciendo que el virus sea menos estable y tenga menos probabilidades de causar una infección con éxito. (Una vez que el cuerpo se infecta, esto es lo que hace el coronavirus).

Las investigaciones sobre el motivo por el cual algunos virus son estacionales se han centrado en gran medida en los que causan la gripe, una enfermedad asociada desde hace mucho tiempo a los meses de invierno. La «temporada de gripe» generalmente dura de octubre a abril o marzo. Los científicos tienen varias teorías de por qué es así.  Para entender por qué en las latitudes septentrionales hay un aumento de los casos de gripe durante el invierno, los investigadores han observado cómo se propaga el virus en diferentes niveles de temperatura y humedad. Según el National Geographic una investigación relativamente reciente sugiere que el aire seco y frío también puede ayudar a los virus a permanecer intactos en el aire o a viajar más lejos a medida que se transmiten por el aire:

«Uno de los primeros estudios para comprobar cómo las condiciones ambientales afectan a la transmisión del virus se publicó en 2007, y analizó cómo se propaga la gripe a través de los cobayas infectados en un laboratorio. Las altas temperaturas y, en particular, la alta humedad frenaron la propagación de la gripe, y a niveles de humedad muy altos, el virus dejó de propagarse por completo. El aire más caliente contiene más humedad, lo que impide que los virus transportados por el aire viajen tan lejos como lo harían en el aire seco. En condiciones húmedas, las pequeñas gotas de líquido en la tos o el estornudo acumulan más humedad al ser expulsadas. Eventualmente, demasiado pesadas para mantenerse en el aire, caen al suelo».

Los estudios realizados fuera del laboratorio muestran resultados similares, aunque algunas regiones tropicales tienen más casos de gripe durante la temporada de lluvias, cuando las personas también se agrupan en el interior.

Los científicos tienen la hipótesis de que la baja humedad, que a menudo se produce en invierno, podría perjudicar la función de la mucosidad de la nariz, que el cuerpo utiliza para atrapar y expulsar cuerpos extraños como virus o bacterias. El aire frío y seco puede hacer que esa mucosidad normalmente pegajosa sea más seca y menos eficiente para atrapar un virus.

Ian Lipkin, director del Centro de Infección e Inmunidad de la Universidad de Columbia, ha estado estudiando el nuevo coronavirus. Dice que la luz del sol, que es menos abundante en invierno, también puede ayudar a descomponer los virus que se han transmitido a las superficies. «La luz UV descompone el ácido nucleico. Casi esteriliza [las superficies]. Si estás afuera, generalmente es más limpio que adentro simplemente por esa luz UV», dice. La luz UV es tan efectiva para matar bacterias y virus que a menudo se usa en hospitales para esterilizar equipos.

Aunque tanto el coronavirus como la gripe son infecciones respiratorias, no se sabe lo suficiente sobre el SARS-CoV-2 como para predecir. No obstante podemos hacer mínimas proyecciones. El brote de SARS comenzó en noviembre y duró hasta julio, lo que sólo da una idea de la estacionalidad, dice Weston, y la contención puede haber sido el resultado de una intervención temprana. En otras palabras, ¿desapareció con un clima más cálido, o simplemente funcionaron los esfuerzos de tratamiento y prevención?

El MERS comenzó en septiembre de 2012 en Arabia Saudita, donde las temperaturas son generalmente altas. A diferencia del SARS, nunca fue contenido completamente, y ocasionalmente se reportan nuevos casos. El nuevo coronavirus también ha empezado a circular localmente en el Oriente Medio, concretamente en Irán y los Emiratos Árabes Unidos.

En el terreno de los negativos de los que dicen que de ninguna manera el buen tiempo afectará a la evolución del brote está el epidemiólogo de Harvard, Marc Lipsitch. Lipsitch no cree que ningún cambio en el clima pueda afectar la propagación del virus. El COVID-19 ya ha sido documentado en todo el mundo. Si el virus es algo parecido a un típico virus de la gripe, puede empeorar en las regiones del hemisferio sur a medida que cambian las estaciones.

Entre los que nos echan una manita y según ha venido publicando el periódico «South China Morning Post», expertos de la Universidad Sun Yat-sen de Cantón (Guangzhou) contabilizaron cada caso registrado en más de 400 ciudades chinas y regiones del mundo entre el 20 de enero y el 4 de febrero. Comparando dichos casos con las temperaturas de ese periodo, descubrieron que el pico de contagios se producía con 8,7 grados centígrados, bajando a partir de esa cifra. Eso explicaría también en parte el estallido de la epidemia en la ciudad de Wuhan y su propagación por la provincia de Hubei, que se ubica en el centro de China y sufre unos inviernos muy fríos.

La temperatura podría cambiar significativamente la transmisión de (la enfermedad) Covid-19», sugiere el estudio, publicado el mes pasado pero todavía no revisado por la comunidad científica internacional. Mientras llega la primavera en el hemisferio norte, que será el otoño en el sur, esta investigación recomienda a «los países y las regiones con temperaturas más bajas adoptar las más estrictas medidas de control».

Por último los que no se mojan. David Heymann de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres dice que no se sabe lo suficiente sobre este nuevo virus para predecir cómo cambiará con las diferentes condiciones climáticas.

«El riesgo de hacer predicciones sin una base de pruebas es que podrían, si se demuestra que son incorrectas, ser tomadas como verdaderas y dar una falsa seguridad», dice Heymann por correo electrónico. «El énfasis hoy en día debe seguir siendo en la contención a la eliminación cuando sea posible», advierte.

Es decir todo es pura especulación que ni pa ti ni pa mi la perra chica. No hay pruebas determinantes para decir que el coronavirus remitirá o se atenuará con la llegada del buen tiempo. Nosotros los canarios podemos pensar que sí, o al menos siempre será más reconfortarte enfrentar esta nueva realidad mirando el cielo azul y el mar de nuestro horizonte isleño fundirse en uno solo con el frescor del alisio recorriendo nuestra cara. Privilegios de ser canario. Recemos para que también acabe con el dichoso bichito.

Esta web utiliza cookies, puede ver aquí la Política de Cookies
A %d blogueros les gusta esto: