Tribuna Libre

De qué están hechas nuestras mujeres

Las mujeres de este país no necesitan a una ministra que conforme un ministerio donde el hombre no tiene cabida, donde el hombre y la mujer no trabajen en equipo y donde se predique con la hipocresía, porque dentro y fuera de esas puertas, esa misma ministra, trabaja en equipo con su marido; En el trabajo, en la calle y en su casa, pero nos vende un odio al hombre, con unas propuestas que son, con toda franqueza, la antítesis de la igualdad.,

La ley de violencia de género basándonos en sus propias palabras: “No se resuelve con una ley y dos leyes y tres leyes sino que hay que cambiar muchas cosas que tienen que ser muy cambiadas, de una forma, muy inter, intertodo, interdisciplinar y transversal y capilarizando todo, desde la política institucional, desde la administración general del Estado, hasta los ayuntamientos.”

Trato todavía de entender qué quiere decir con sus palabras vacías e inventadas; “Capilarizando” será lo más cercano a llenar de pelusa o empelucar con la coleta de su marido, o sea llenar de pelos absolutamente necesarios para que estén muy intertodo, muy peludo… Habrá que contratar peluqueros, peluqueras o peluqueres o peluquerxs o peluquer@s, para la administración, para que sea todo muy inter inter todo y muy transversal. Añadamos al disparate un lenguaje inclusivo sin fundamento lingüístico, que cuando la señora ministra debe usar refiriéndose por ejemplo al sujeto “Jueces” olvida desdoblar por su falta de costumbre y porque la economía y lógica lingüística siempre se imponen. Todas las derivaciones que hemos expuesto del desdoble de la palabra peluqueros son distintas versiones del lenguaje inclusivo, ni siquiera se aclaran en tener uno intencionadamente normativo ¿Cuál se supone que se debería usar? Es una vergüenza porque es la imposición de la forma en la que las personas deben hablar y no hay nada más democrático que el uso del idioma. Las personas deciden hablar libremente cómo consideran y utilizan el léxico de forma libre. El lenguaje no es sexista, ni machista, las palabras no gozan de esa significación, en todo caso es el uso que las personas, en distintos contextos decidan darle, por ejemplo si vamos a contratar a un peluquero para satisfacer la necesidad “capilarizadora” de la ministra en la administración pública y se presenta un hombre y le decimos: “Uy, morenazo, con ese cuerpo fijo que te fichan”; pues estaríamos ante una discriminación de carácter sexual y laboral perpetradas hacia un hombre. La realidad es que el género es una cuestión lingüística y el sexo es una cuestión biológica. Nada tiene que ver el uso del género no marcado con un asunto tan delicado como discriminación sexual en el lenguaje, más bien esa creencia responde a falta de formación, por parte de nuestra ministra.

En cuanto a la violencia, ésta se genera precisamente porque no somos iguales y se propaga siempre que haya una posición de fuerza, además puede ser generada por hombres o por mujeres, independientemente de la edad. Se trata pues de una supremacía mental o física sobre una persona o animal, que es vulnerable ante el abuso de alguien más fuerte. Es de sobra conocido los abusos perpetrados a niños (Véase los casos presuntos de abusos de menores desde Centros tutelados en Baleares o en Canarias, por ejemplo), maltratos a mascotas, a niños, a ancianos, a hombres o a mujeres, en el ámbito familiar, incluso se trata de una ley que no ampara a mujeres que no sean heterosexuales o que sean maltratadas por una hermana o un hermano en el ámbito doméstico porque la relación no sería de carácter sexual y en el caso de mujeres homosexuales, la violencia sería perpetrada por una mujer con fuerza sobre otra, pero no habría un hombre con lo cual, estos casos expuestos no serían atendidos como victimología en los ámbitos que la ley de violencia de género ha decidido no recoger.

Es una ley absurda, que deja flecos más que evidentes para poder interponer denuncias falsas, pues el que sea objeto de una acusación sin fundamentos y hechos reales, se verá directa y paradójicamente, demostrando su inocencia, no en la lógica situación de no ser culpable hasta que se demuestre lo contrario, y metido sin mediar palabra en un calabozo, desde el momento que esa denuncia es interpuesta por la supuesta víctima.

No obstante, las mujeres siguen muriendo, aquellas que sí son víctimas de actos violentos contra ellas porque la reincidencia existe, pero la prisión permanente revisable para evitar que sigan cayendo como moscas escachadas a golpes es, según este gobierno, una legislación facha.

Quiero aprovechar para comentar esa visión nueva, por la que se puede considerar el piropo delito. El piropo tiene una larga tradición y se reservaba a mujeres de altura, distinguidas, a aquellas que el hombre quería cortejar, desde el más profundo respeto. Sin perrearlas, por cierto, habría sido inadmisible perrearlas. El piropo esconde detrás de sí, una intención evidente de respeto desde una distancia prudencial hacia la mujer, que si lo acepta y continúa la conversación dará lugar a conocerse. Y ahora, eso puede considerarse delito, pero el perreo goza de gran aceptación. Estamos bombardeando toda la tradición de la poesía de amor cortés proveniente de Francia, de Leonor de Aquitania, primera mujer que gobernó como reina, a pesar de la resistencia de muchos para que lo fuese y además consiguiendo, también, mediante la educación en poesía de amor cortés, crear el sistema de buen trato a la mujer, que la corte española decidió copiar. Y ahora, resulta que viene la iluminada de Irene Montero a decirnos que si un hombre nos demuestra respeto desde el piropo y sin perreo reguettoniano, será legitimado como delito desde el gobierno y las leyes. Esto más bien parece un interesante analfabetismo funcional y emocional. Ya no sé cómo vamos a educar a los jóvenes si no podemos hacer un paralelismo literario con el buen trato a la mujer, que aprendieron los caballeros en la Edad Media, porque por lo visto es delito, mientras siguen aprendiendo todo lo referente al cortejo del perreo.

Por último me gustaría recalcar que la igualdad no existe y no pasa nada, no somos iguales, es una cuestión de equidad, dónde el débil no se vea perjudicado independientemente de su sexo, sino a razón de aquellas circunstancias emocionales, psíquicas o físicas que le hacen ser vulnerables frente a los otros. Sólo asumiendo la realidad, cambiaremos la violencia a favor de la tolerancia.

Sigan dividiendo, mientras otras personas seguimos considerando la necesidad de que este nuevo slogan: “- Slogan +PPR= 0 víctimas”, sea el que termine imponiéndose.

No sigamos haciendo esfuerzos en crear una sociedad absurda, con mujeres resentidas. No es la verdadera imagen de la mujer española, sino la venta de la división necesaria para crear un ministerio que vive a base de la división y no de la creencia de que las personas independientemente de su sexo, se complementan y actúan de forma colaborativa. Y esas son las mujeres de España; Las simples pero elegantes, educadas, las del esfuerzo, sin rencor, dignas y sin odios al hombre. La mujer española está hecha de dulce hierro, que acepta los halagos sintiéndose gratificada por ello y sin menosprecios, porque no hay nada como un caballero y esos son nuestros padres, hermanos, amigos compañeros o parejas. Feliz día de la mujer real, desde Crónicas de Canarias.

Beatriz Gálvez

Esta web utiliza cookies, puede ver aquí la Política de Cookies
A %d blogueros les gusta esto: