Crónica de Canarias

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Jóvenes periodistas

«Ya no te necesito, cerdo»

Dos de la tarde. Eran pocas las jornadas que se me presentaban con aires de disponibilidad para visitar Allende, una cadena de restaurantes de lo más beneficiada por quienes dedicaron su tiempo libre en puntuar vía Internet, porque lo sentían de corazón, el gentil servicio de Maripili a la hora de distribuir las berenjenas fritas con miel de caña; o en aplaudir la inclusión de productos veganos. Total. Estaba de vuelta por la Calle Domingo J. Navarro y tenía delante a dos de mis mejores valoraciones: Felipe y Xavi. Del primero, si no les supone demasiada fatiga, me encargaré otro día.

Es que todavía no me lo creo, dijo. Lo que me confesó mi novia al poco de comprarse el dichoso «aparatito» con forma de auricular de Apple… Sinceramente ya no sé qué hacer. Antes, al menos, salíamos a tomar algo por ahí. No teníamos que estar nada más que pendientes de nuestra mutua felicidad. Que si paseo mañanero por Las Canteras, que si excursión al StarBucks de Mesa y López, que si atardecer en lo alto del Hotel Santa Catalina. Todo en plan de relax, rollo pareja normal. Sin apuros, sin excentricidades, con buena letra. Y sabes muy bien que para mí no hay sitio más confortable que mi casa, pero con mi chica es distinto. Era, tío. ¿Comprendes? Con cara de estar pensando en nuevos acertijos para contrarrestar las picarescas intenciones de Gollum, reposó del contacto visual directo, resopló con menos ímpetu que el paraguas de Mary Poppins e intentó levantarse como lo haría un Rey sin corona: dispuesto a jugarse el cuello.

Y al llegar a este punto, al pesimismo amoroso, Xavi volvió a aferrarse a las retinas de mi sentido óptico. Pues lo que te iba contando, amigo de mi alma. Como si fuera un animalito de Dios, de esos que salen con Frank de la Jungla, va la señorita y me suelta: «Ya no te necesito, cerdo». Así, sin cortes de cámara. Sabiendo que soy un individuo muy delicado -sobre todo delante de jovencitas a lo Cacao Maravillao- va y me tira de insulto gratuito. Tú mismo te puedes imaginar la cara de meme que se me quedó, aquella tarde de enero, nada más comprender que «el satisfaciente» había sustituido mis labores carnales. Maldita la alimaña que inventó los despojadores de novias.

Son daños colaterales, le respondí. Es algo pasajero. Ya verás que más pronto que tarde la nitidez de la niebla aclara tus pensamientos. Eres un buen tipo, con tus impuntuales manías de 19 años. Y, a pesar de que tu habitación se confunda con el estercolero de FarmVille, o que tus colonias propaguen olores que nadie encontraría en los escaparates de Chanel, mantente tranquilo. Ten paciencia con la vida, por muy gilipollas que se ponga a veces. Y con respecto al cantamañanas germano, el que inventó ese tentador artilugio, puedes descatalogarlo de tu conciencia atormentada. No te deprimas, en serio. Fíjate lo que ocurrió en Marianela, una de las obras más prominentes por los amantes de la literatura realista. Su fracaso en el amor, el de la chica, fue un ejemplo más de desconexión espiritual. Es algo inevitable, arbitrario, desconcertante. Siempre termina ocurriendo citius aut serius, es decir, tarde o temprano. Con o sin Satisfyer.

Observa detenidamente. ¿Qué ves? Cada uno atontado con su tesorito tecnológico, ¿no? Pareciera que la mayoría ha salido de un rutinario rodaje de The Walking Dead. Esos «zombies», además, viven con el cerebro anestesiado, se les cae la baba por lo ultimísimo de la temporada. Ahí quiero llegar, a la virtualidad frente al mundo consciente. Y no, esto tampoco es un episodio cualquiera de Black Mirror. Así que, si tu novia prefiere a un succionador de clitoris antes que a ti, que les den. A las dos cosas. Bastantes problemas te generó tu adicción a las tragaperras.

Escrito por Andrés Arencibia y Adrián Haro. Estudiantes de Periodismo y Comunicación Audiovisual. Universidad Fernando Pessoa.

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