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El brutal escándalo de los dos mil fetos abortados que puede cambiar la Casa Blanca

El día en que el Partido Demócrata de Iowa dio a conocer el jueves los resultados actualizados de las asambleas partidistas del estado tras concluir el escrutinio que solicitaron los equipos de campaña de Bernie Sanders y Pete Buttigieg, este último ha entrado en el ojo del huracán.El problema o la cuestión un macabro hallazgo en la localidad de South Bend en Indiana donde Pete Buttigieg fue alcalde.

En la coktelera se mezclan ahora tres elementos explosivos. El primero la carrera presidencial hacia la Casa Blanca en la que Buttigieg concurre para ser cabeza de lista del Partido Demócrata contra Berni Sanders y disputarle la presidencia a Donald Trump. El segundo elemento el terrible hallazgo de más de dos mil fetos preservados médicamente en el domicilio del médico abortista Ulrich Klopfer. Y el tercero las convicciones de cada candidato en un debate, el del aborto, que se vuelve a reabrir con toda crudeza en la sociedad americana después del macabro descubrimiento en la casa de Klopfer.

Centrémonos ahora en Klopfer. Ulrich Klopfer era un médico que operaba en tres clínicas de Indiana, South Bend, Fort Wayne y Gary, la última de las cuales cerró en 2016 en medio de un juicio de la junta estatal de licencias sobre violaciones de documentación e irregularidades en el cuidado de los pacientes. La junta de salud de Indiana suspendió la licencia médica de Klopfer en 2016, después de que encontró que no le daba medicamentos para el dolor a todos los pacientes y no informó oportunamente sobre los abortos de dos niñas menores de 14 años dentro del período de tiempo requerido de tres días, entre otras cuestiones. Los testimonios revelaron que Klopfer utilizó «los mismos procedimientos de aborto y sedación de los años setenta y ochenta». Irregularidades y malas praxis que convertían el quirófano de Klopfer en una auténtica cámara de los horrores.

Y aquí es donde entra Pete Buttigieg un brillantísimo graduado en Historia y Literatura en Harvard, que colaboró activamente como investigador político y asesor en la campaña presidencial de John Kerry y pretendido también para la campaña de Barack Obama en la que declinó participar. El problema de Buttigieg son sus opiniones sobre el aborto precisamente el escándalo que ha estallado ahora en plena campaña y precisamente en la ciudad de la que él fue alcalde. Buttigieg forma parte del ala moderada del Partido Demócrata y ha llegado a declarar que el aborto viene justificado en las sagradas escrituras: «hay muchas partes de la Biblia que hablan de cómo la vida comienza con el aliento». Curiosamente Buttigieg utiliza la Biblia en sentido opuesto a como lo hacen habitualmente los antiabortistas para señalar que mientras el feto no respire no hay vida.

Como no podía ser de otra manera un candidato que está en plena lucha por disputar a Trump el despacho oval y el botoncito rojo nuclear, no podía pasar de puntillas sobre este escándalo que ha conmovido los cimientos morales de los americanos. Los republicanos ya han olido la sangre. Días atrás la portavoz del Comité Nacional Republicano, Liz Harrington, reclamó publicamente a Buttigieg explicaciones claras sobre lo que opinaba del asunto y que aclarara su relación con el médico Klopfer durante su mandato en la alcaldía de South Bend. Buttigieg se ha limitado a condenar el horror de lo encontrado en el domicilio de Klopfer pero tales explicaciones no han convencido a buena parte del electorado, especialmente el numeroso voto católico.

En definitiva un escándalo de la «America Profunda» que puede tener unas consecuencias insospechadas en el futuro del país más poderoso del planeta. Por cierto hace escasas horas Buttigieg se ha impuesto a Sanders en Iowa por un margen tan estrecho que es posible que se tengan que repetir las votaciones para evitar caer en errores imperdonables de campaña. Es posible que el affaire Klopfer pueda tener influencia en futuras votaciones. El tiempo lo dirá.

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