Economía

Por qué la izquierda española es una anomalía en Europa

David Crespo/Redacción.

Ciertamente la izquierda española es una extravagancia, una rara avis en el conjunto de sus homónimas europeas. Las razones son múltiples y variadas. Podríamos hablar de su apoyo inexplicable a los nacionalismos insolidarios que representan en su esencia todo lo contrario de los valores de progreso. Pero no nos detendremos en esa parte de la película, al menos hoy. Tampoco abordaremos el peligroso giro de la política exterior española, que nos coloca fuera del ámbito normalizado y estandar del resto de países de nuestro entorno. Eso también se puede dejar para otro día.

En el día en que la izquierda española encarnada hasta el tuétano en el sanchismo y su gobierno social-populista anuncia una nueva masiva subida de impuestos, nosotros abordaremos precisamente esto, las diferencias entre las políticas económicas de izquierda en la UE y las que se están implementando en España. Y son muy significativas.

De hecho son tan significativas y tan profundas que sin temor a ruborizarnos podemos decir con toda propiedad que la izquierda española, aquí, en el terreno económico también va a contracorriente y en rumbo previsible de colisión.

Comencemos por Portugal. Cuando en 2015 Antonio Costa consiguió convertirse en primer ministro portugues por la designación del presidente Cavaco Silva, nadie podía aventurar que el pragmatismo de Costa iba a llevar a la izquierda portuguesa a tan altas cotas de popularidad. El ex-alcalde de Lisboa consiguió llegar a un acuerdo inédito con el Bloco de Esquerdas y el Partido Comunista Portugués que suscitó no pocos temores y no pocas reticencias en la sociedad portuguesa y en la propia Unión Europea. Cinco años después la sociedad portuguesa, la Comisión Europea, el FMI, Moody´s y hasta la temible Troika, han tenido que rendirse a la evidencia de una política que mezcla en dosis justas y equilibradas recetas de la socialdemocracia clásica con un posibilismo pragmático.

Sin ir más lejos Moody’s, que también mejoró este verano la perspectiva del rating de Portugal  a Baa3, destacó como Portugal había logrado reducir su deuda más rápido de lo previsto, devolvió en 2018 todo el préstamo del FMI y mejoró la situación de su sistema financiero. La agencia además destacaba como uno de los puntos fuertes del país su fortaleza institucional, que considera superior a la italiana o la española, un asunto ciertamente no menor.

El pragmatismo de Costa y su sentido de la realidad le llevó a tomar decisiones audaces y en algunos casos contrapuestas. Por ejemplo elevó el salario mínimo en su anterior mandato el 20% pero también aprobó una reforma laboral que no anulaba las medidas más duras de la Troika. En algunas ocasiones aplicando una geometría parlamentaria variable ( según la nomenclatura Zapatero) apoyándose cuando las circunstancias lo aconsejaban en los partidos de la derecha del arco electoral. Sencillamente impensable en la España de trincheras que hemos ido cavando en estos últimos años. Los resultados han sido notables. Portugal por primera vez emite deuda a menor interés que España en los mercados y buena parte de la clase empresarial española ya empieza a considerar seriamente la posibilidad de invertir o incluso trasladar la producción al pequeño país vecino. De hecho la fábrica española de colchones Flex acaba de anunciar que se trasladará de Getafe a tierras portuguesas. Con un 6% de paro y el «suicidio» económico del coloso peninsular las perspectivas de empleo en Portugal son muy optimistas , sobre todo si las comparamos con las nuestras. Mientras nuestros vecinos bajan impuestos sistemáticamente para crear empleo, nuestro gobierno sigue empeñado en crear nuevos gravámenes y subir los ya existentes.

Pero el lector podría pensar que la izquierda de Costa sería la excepción que confirma la regla de una izquierda europea en la línea del sanchismo y de su socio bolivariano. Pues todo lo contrario. Para nuestro infortunio el sanchismo y sus encorsetados conceptos son la genuina anomalía europea. Si miramos a Grecia el «radical» Tsipras ya ha empezado a hablar de bajar los impuestos, planteando una reducción de Sociedades (del 29% al 25%) y del gravamen equivalente al IBI español. En Francia el ex-socialista Macron sigue exactamente el mismo camino.

En definitiva que esta izquierda española del gobierno «progresista y de progreso», no solamente es anómala porque ha abdicado de la defensa de una nación de ciudadanos libres e iguales por encima de cualquier identidad cultural más o menos reconocible. Es también anómala porque ha envíado al baúl de los recuerdos el mayor tesoro que siempre ha tenido el pensamiento progresista, los valores ilustrados de libertad, igualdad y fraternidad. El sentido común es otra cosa y no tiene ideología conocida, se tiene o no se tiene. Verdad Pedro. Pero eso es ya es otra historia.

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