Viviendo en San Borondón

El aparato, la militancia y la votancia

Como tantas veces se ha repetido, la democracia ha sido secuestrada por la partitocracia, entendida como la única forma posible de representación política que se ofrece a los ciudadanos. Pero lo que es peor aún, esa representatividad que se otorga a los partidos políticos, está a su vez secuestrada por el llamado aparato, encarnado en los los burócratas, los apparátchik, término coloquial ruso para designar a un funcionario profesional, a tiempo completo, del Partido Comunista o en general de la estructura de cualquier partido.

Dentro de los aparatos hay a su vez dos tipos de personas. Unos son los empleados, asalariados laborales, que cubren las necesarias funciones administrativas que necesita cualquier organización. Y luego están los cargos políticos, unos electos y otros designados, que cobran normalmente de los fondos del partido, que debieran ser obtenidos sólo por cuotas, y son personal directivo. Dentro de estos últimos, están los que se suele denominar la cúpula.

La militancia son aquellas personas de se inscriben en el partido y que, al menos en teoría, lo mantienen con sus cuotas. De tanto en cuanto se les convoca a reuniones o congresos para que aprueben, aplaudiendo con las orejas, lo que ya viene aprobado por la cúpula. También sirven para ser colocados detrás del dirigente que habla, como si de un photocall se tratara, para aplaudir mientras observan la espalda del interviniente. Cuando hay campañas electorales, se les convoca para repartir propaganda, embuchar los sobres con las candidaturas y pegar carteles. Todo muy edificante, como se puede ver. No es lo que debiera ser, pero es lo que hay.

Y por último la votancia, es decir los que con mayor o menor entusiasmo o credulidad, votarán por un partido esperando que las promesas electorales no sean lo que Tierno Galván dijo que eran compromisos para no cumplir, es decir puro embeleco para el ciudadano tratando de conseguir su voto. En los tiempos actuales, los ejemplos de groseras mentiras a cortísimo plazo del gobierno social-podemita están en la mente de todos.

Pero, he de reconocer que es lo que más me exaspera, la Ley Orgánica del Régimen Electoral General, que no la Constitución, determina que los aspirantes a representarnos los eligiremos por el sistema de listas cerradas y bloqueadas, determinando con la Ley D’Hondt la afijación de los que serán electos. Es decir, que no podemos elegir libremente a las personas que quisiéramos nos representaran sino que son los partidos los que nos dicen a quién y en qué orden hay que votarlos. Salvo parcialmente en el Senado, de hay tal vez una razón para su muy onerosa irrelevancia. Prefiero votar personas y no listas, ni abiertas ni cerradas.

Como el orden de aparición en las listas es muy importante, las luchas dentro de los aparatos de los partidos por figurar en puestos de teórica salida es sangrienta, a muchos les va su modo de vida y su sueldo fururo en ello. Como muy bien advirtió Konrad Adenauer, “hay adversarios, enemigos… y compañeros de partido”. Algunos partidos han adoptado la teatralización de primarias, por la que en un perverso sistema se elige como cabecilla a un candidato y se envía a las tinieblas al teórico segundo mejor político del partido. Luego el ganador coloca a sus fieles, independiente del mérito o capacidad que presenten, sólo cuenta la obediencia o el sectarismo. Ejemplos se están produciendo en estos días en partidos como PP o Cs. En el pasado reciente han saltado a las páginas de los periódicos amaños y trapisondas de toda naturaleza. Pero a nadie de la votancia parece importarle, ¡qué siga la fiesta, dicen, de la democracia!

José Francisco Fernández Belda.

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