Editorial

Más allá del escándalo «Delcygate»

Como era de esperar lo que más ha llamado la atención del formidable embrollo del Delcygate ha sido en primer lugar la constatación de que la mentira para el gobierno de Sánchez es un recurso que utiliza con toda naturalidad y en segundo lugar el desastre de la comunicación del gobierno y en particular del ministro Ábalos, por cierto muy tocado después de estas semanas infaustas.

Las seis versiones distintas que ha llegado a ofrecer el gobierno iban sepultando a cada paso la credibilidad de un ejecutivo que en tan solo unas semanas de ejercicio ya hace aguas por varios sitios.

Pero con todo y siendo graves las evidentes metidas de pata en la comunicación del Gobierno de España, lo más inquietante es el significativo cambio en la percepción de la política exterior española que el Delcygate ha dejado entrever a la opinión pública española e internacional.

Desde los acuerdos de Franco con Eisenhower en 1959, España pasó definitivamente a alinearse con las potencias occidentales. En 1986 un referéndum consultivo reafirmó la permanencia de España dentro de la OTAN después del cambio de posición del PSOE en el XXX Congreso del partido. Pasó el partido liderado por Felipe González del «OTAN de entrada no» a apoyar abiertamente la permanencia de nuestro país en la Alianza Atlántica.

La alineación con el bloque de potencias occidentales se reafirmó de manera inquebrantable desde que en 1986, España entrase definitivamente en la CEE y posteriormente en la UE. Ni siquiera en la administración Zapatero tal condición se ha puesto en duda de ninguna de las maneras.

Pero el affaire del Delcygate ha variado sustancialmente la visión de la política exterior española.

Nunca antes la desconfianza de nuestros tradicionales socios y aliados ha sido tan grande como en estas semanas de gobierno de Sánchez e Iglesias. Estados Unidos ya ha empezado a dejar notar su malestar en los círculos diplomáticos y ha acusado públicamente al gobierno de interferir y frustrar la estrategia norteamericana en Venezuela.

Los desencuentros en este asunto vienen de lejos, ya en noviembre Donald Trump no descartaba iniciar sanciones a España por amparar con cuentas bancarias en España al régimen de Nicolás Maduro. Lo cierto es que en los círculos diplomáticos europeos empieza a cundir la sensación de que España ya no es un socio confiable. Los últimos movimientos de Macron y Merkel así lo manifiestan ya.

Más allá del Delcygate y su riquísimo anecdotario tan oportuno para la burla y el chascarrillo lo realmente importante y preocupante, añadimos nosotros, es el histórico giro de la política exterior española que nos sitúa en estos momentos en un espacio indefinido entre el eje Washington-Bruselas y el Moscú-Caracas-La Habana- Teherán. Esto es el verdadero trasfondo del Delcygate y lo que más preocupa.

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