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La paradoja democrática: una reflexión necesaria sobre el Brexit y la validez de los referéndums

Se definen como endemismos de la democracia aquellos movimientos políticos, que en nombre de la democracia y, sobre todo, utilizando las herramientas democráticas por excelencia (elecciones, referéndums, derecho de manifestación…) van en contra de los valores fundamentales de la misma: la libertad, la igualdad y la solidaridad. Representan, por lo tanto, una de las grandes paradojas de nuestro sistema democrático.

El nacionalismo va en contra del más básico principio de igualdad entre los ciudadanos, y en consecuencia ataca también el principio de solidaridad.

El populismo plantea soluciones liberticidas, buscando enemigos comunes de forma infantil, demagógica e inmadura.

Y los extremismos o radicalismos buscan vías rupturistas apelando a la supresión del sistema capitalista.

Europa se enfrenta, en estos días, a todas las combinaciones posibles e imaginables de los tres tipos de endemismos (populismos, nacionalismos y radicalismos).

Las democracias constitucionales europeas están siendo atacadas desde dentro por las acciones de líderes políticos que, conscientemente, utilizan los mecanismos democráticos para fracturarlo.

El Brexit, el movimiento secesionista catalán, los chalecos amarillos franceses, el grupo de Visegrado… Son todas manifestaciones que buscan un culpable común, en la Unión Europea, o en sus respectivos países de origen, convenciendo al pueblo de que sus problemas, (en un mundo tan interconectado y globalizado!!!), se resolverán por arte de magia rompiendo ese “vínculo opresor”. Pobres ilusos.

Ante la incertidumbre, que, recordemos, es la mayor enemiga de nuestro sistema económico, que vivimos desde hace ya más tres años, deberíamos iniciar una seria reflexión sobre el papel de los referéndums en nuestras democracias REPRESENTATIVAS y, de momento, NO directas, asamblearias o participativas.

Lo único que se puede, a estas alturas, sacar en claro de la situación a la que nos enfrentamos en Europa es que los referéndums han supuesto un enorme fiasco en la resolución de los problemas. Véase el Brexit, con su referéndum legal, o Cataluña, con su referéndum ilegal. Los intentos de democracia directa han fracasado estrepitosamente.

Los referéndums son armas de doble filo. Al día siguiente de una hipotética victoria sobre cualquier cuestión, la parte perdedora tendría el mismo derecho a clamar por su repetición (hecho que se está dando actualmente en Reino Unido).

¿La relevancia de los motivos para la repetición (Cambridge Analytica, Fake News, injerencia rusa…), vale más de la decisión soberana del pueblo inglés en junio de 2016?

El referéndum es un mecanismo peligroso y no resolutivo de cuestiones tan complejas, como abandonar a UE o España. Hay cuestiones que NO se resuelven con un sí o con un no. El caos en la negociación del Brexit es un claro ejemplo.

Cuando, además, la población se encuentra fracturada en dos mitades prácticamente iguales (52%-48% en el caso del Brexit) nunca podrá ser la solución. Ignorar, despreciar o, en el peor de los casos, imponer a la otra mitad de la población una verdad, rompe la convivencia y la paz social.

El referéndum, inevitablemente, se acaba convirtiendo en un NEVERENDUM.

De la misma manera que se exigen mayorías cualificadas de 3/5 o 2/3 de las Cámaras para aprobar determinadas leyes de especial relevancia, en los referéndums, se deberían exigir un mínimo de participación obligatorio por encima del 75%, y otro 75%, de “Síes”, para ser aprobado.

Prof. Dra. Alessia Putin

Abogada y Profesora de Derecho y Relaciones Internacionales

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